Son días de espera: de permanecer firmes, confiados y esperanzados.
No es tiempo de buscar explicaciones, sino de permanecer.
Esperar junto a María, la Madre.
Esperar en silencio… la
promesa.
Cada día, Señor, me voy
dando cuenta de que sin Ti no podré vencer mis debilidades y esclavitudes.
Libérame de mis apegos y dame la fortaleza para que, liberado, viva en tu
Voluntad.
La cruz se revela como verdadera salvación: una salvación ofrecida a
todos, sin distinción.
Solo se nos pide un corazón arrepentido… y un amor sin condiciones.
¿Mi fe nace de emociones pasajeras… o de un amor que permanece cuando
todo se oscurece?
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