Ante el amor del Señor, la humanidad responde muchas veces con crueldad,
desapego e indiferencia ante el sufrimiento.
¿Cuál es nuestra
respuesta hoy?
Señor, perdona mi osadía
y mi soberbia de mirar para otro lado y no darme cuenta de que existo y vivo
por Ti. Te has humillado ante mí lavándome los pies cuando todo, incluso mi
ser, te pertenece. Perdona, Señor.
Dios Padre y Madre, sigue apostando por nosotros, incluso desde la gloria de la cruz. Su amor nos redime y nos salva, dando sentido a nuestras aflicciones y tribulaciones.
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