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sábado, 4 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

La cercanía de la muerte despierta sentimientos de dolor, ausencia y sin sentido. Las cadenas de la muerte parecen ahogar nuestra esperanza y nos llenan de estupor y aflicción.

Señor, abre mi corazón a la compasión y misericordia de los que lo necesitan. Dame la sabiduría de entender el sacrificio de la cruz y de amar sin condiciones, y de saber que la felicidad que busco está en permanecer unido a Ti.

Pero una nueva realidad cambia la dirección de los corazones y de la sorpresa y el temor se pasa a la alegría y a la esperanza de la Resurrección.
 El crucificado es el Resucitado.
Jesús vive la vida del Padre y nos espera también a nosotros, en Galilea, entre los vivos.
¡Feliz Pascua de Resurrección!

viernes, 3 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Ante el amor del Señor, la humanidad responde muchas veces con crueldad, desapego e indiferencia ante el sufrimiento.
¿Cuál es nuestra respuesta hoy?

Señor, perdona mi osadía y mi soberbia de mirar para otro lado y no darme cuenta de que existo y vivo por Ti. Te has humillado ante mí lavándome los pies cuando todo, incluso mi ser, te pertenece. Perdona, Señor.

Dios Padre y Madre, sigue apostando por nosotros, incluso desde la gloria de la cruz. Su amor nos redime y nos salva, dando sentido a nuestras aflicciones y tribulaciones.

jueves, 2 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Sin lugar a dudas, el amor es la victoria del bien sobre el mal. Si todos nos empeñamos en amar más desde nuestras familias, el mundo notaría una mejoría insospechada.

Tu fuerza puede fallar y la debilidad puede aparecer en tu vida. Pero el Señor jamás fallará. Él siempre está contigo para ayudarte y apoyarte. Únicamente debe alargar la tuya y permitir que Él te tome.

Lo que muchos vieron como un fracaso —la Cruz— es, para quien cree en Jesús, el comienzo del triunfo del amor. 

miércoles, 1 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Vivimos muchas veces en la superficie de nuestros problemas. No nos atrevemos a mirarnos en profundidad y, por eso, solo vemos lo externo, sin llegar a reconocer la verdad de lo que somos.

Señor, tu Amor y Misericordia me sostienen, pues, a pesar de mis faltas y pecados, me sigues llamando y me das la oportunidad de enderezar mi vida y gozar contigo en el cielo.

Nos ciegan nuestros ideales y egoísmos. Incapaces de esperar y confiar, de dar tiempo a la maduración, a la esperanza y a la providencia de nuestro Padre Dios. 
“Pidamos, si caemos, la humildad de levantarnos como Pedro.”