Señor, perdona mi osadía
y mi soberbia de mirar para otro lado y no darme cuenta de que existo y vivo
por Ti. Te has humillado ante mí lavándome los pies cuando todo, incluso mi
ser, te pertenece. Perdona, Señor.
Dios Padre y Madre, sigue apostando por nosotros, incluso desde la gloria de la cruz. Su amor nos redime y nos salva, dando sentido a nuestras aflicciones y tribulaciones.