Es evidente que perdonar nos cuesta mucho, pero recuerda que primero
nosotros hemos sido perdonados. Eso nos dará la fuerza para perdonar.
Gracias, Señor, por mostrarme tu Amor y Misericordia en cada momento de
mi vida. Tu presencia llena plenamente todos mis anhelos de esperanza y le da
sentido a todos mis actos, incluso a mis fallos y sufrimientos.
Y lleva siempre grabado en tu corazón que el
perdón te abrirá la puerta de la Casa del Padre. Son las palabras que Jesús nos
enseñó al orar:
«Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden».
«Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden».
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