sábado, 10 de diciembre de 2016

Hoy, la Iglesia, continuadora del Mensaje de Jesús sufre y padece el mismo rechazo. El mundo se aleja de la Voluntad de Dios y rechaza su Palabra. Hoy la Iglesia sigue padeciendo las mismas persecuciones que en sus primeros años de proclamación. Y eso estaba también profetizado, y experimentamos y vemos que se cumple.

Y se cumplirá lo que, profetizado, falta por cumplirse. La Iglesia no sucumbirá ni será destruida, porque en las profecías está escrito que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16, 18). Y en esa esperanza nos apoyamos los creyentes. Porque el Señor tiene Palabra de Vida Eterna.

Por eso, a la hora de buscar razones que nos den pruebas y testimonios de la Palabra, podemos encontrar en la Revelación muchos testimonios y profecías que nos hablen que todo sucede como está profetizado. Y eso nos deberá ayudar a ponerle mucha más atención.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Al hombre le cuesta moverse. Sobre todo cuando se ha instalado en su verdad y se encuentra cómodo y a gusto. Moverse no le apetece, y menos si eso le exige desprenderse de sus hábitos y morir a su comodidad y apetencias. Es entonces cuando busca justificar su inmovilismo espiritual y rechaza todo lo que le proponen.

Disfraza la verdad y la tiñe de mentira. Confunde el amar con el amarse y se encierra en su propio mundo aislándose de todo lo que significa compartir y darse, porque sólo amas cuando eres capaz de partir tu vida y repartirla con los demás. En eso consiste el amor.

Y eso es lo que y para lo que te busca Jesús. Él ha dado su Vida para ganar la tuya. Se ha partido, y lo hace cada día y a cada momento en cada Eucaristía. Te necesita y necesita tu libertad para salvarte. Por eso busca tu respuesta. Y tú escondido en tu necedad se la niegas y te niegas a ti mismo tu propia salvación.

jueves, 8 de diciembre de 2016

«No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».





Sucede que en la medida que crecemos, nuestros ideales, muchas veces, no se cumplen. Pero, poniendo por caso que se cumplan, llega un momento que, cumplidos, nos preguntaremos, ¿qué nos moverá ahora para continuar la marcha?

Porque todo lo que nos pongamos por meta tiene un final, ¿y después qué? Descubrimos que tenemos que buscar ideales para seguir caminando. Por eso nos decimos los unos a los otros que hay que entretenerse y buscar alicientes, pero, ¿qué alicientes?

Mirando a nuestro derredor observamos lo que hay, y eso que hay también tiene sus días contados. Podemos obviarlos, engañarnos, esconderlos y mirar para otro lado, pero todo tiene sus días contados. Sin embargo, la pregunta sigue en pie, ¿y ahora qué? Sólo Dios tiene Palabra de Vida Eterna.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Descubrir nuestra finitud nos puede ayudar a que no siempre las cosas son como las vemos y deseamos. Quisiéramos ser siempre fuertes e invencibles. Y en los momentos que experimentamos esa fortaleza nos sentimos seguros y sin necesidad de médico.

Pero, por experiencia, sabemos que llegará un día que nuestra debilidad se presente, y que necesitaremos médico. Ese día comprenderemos la necesidad que tenemos de ser salvados. No se nos oculta que un día será el final, ¿y luego qué?

Será cuestión de descubrir dónde y en quién debemos descansar y depositar todas nuestras esperanzas, porque, a pesar de nuestras fuerzas, en este mundo no encontraremos lo que buscamos. Y, por mucho que no queramos, nuestras esperanzas se desvanecen y mueren. Necesitamos salvación.

martes, 6 de diciembre de 2016

Hay una gran diferencia  a la hora de recuperar algo perdido. Porque podemos actuar con rabia, incluso desprecio y coraje contra el ser perdido. No digamos si es una persona. Es de sentido común que, a pesar de recuperarla, posiblemente la perdamos para siempre con los reproches.
                  
Nuestro Padre Dios actúa siempre con verdadera Misericordia. No sólo nos busca con insistencia, sino que nos abre sus brazos. Jesús es el abrazo del Padre, pues Dios no perdona por decreto, sino con un fuerte abrazo, nos dice el Papa Francisco.

Dios nos busca a través de su Hijo Jesús, el enviado, y nos acoge olvidando nuestra ofensa y perdonando nuestro pecado. Dios, no sólo nos encuentra y salva, sino que nos limpia y borra nuestro pecado como si no hubiese existido. Realmente, si comprendiéramos el don de Dios nuestra vida quedaría inmediatamente transformada.

lunes, 5 de diciembre de 2016

No es fácil curar esa parálisis espiritual. Más grave que la corporal, porque, mientras la una deja sin movimiento tu cuerpo, la otra paraliza toda tu alma y la condena irremisiblemente para la eternidad. Supongo que la parálisis provocada por los pecados necesita más cuidados, pues sólo el Señor puede curarla.

Ahora, eso dependerá de tu fe. Si tú crees que el Señor puede perdonarte tus pecados, ellos quedarán perdonados. Tendrá, ese perdón, que ver con la medida de tu fe. Eso te ayudará a postrarte delante de Él como aquel paralítico, y pedirle que te cure.


Pero una curación plena, de cuerpo y alma. Porque de nada vale curar el cuerpo si dejas el alma a la deriva. Porque, el cuerpo, por la fe sabemos y confiamos que resucitará al final de los tiempos, pero el alma puede perderse para siempre.

domingo, 4 de diciembre de 2016

No se tuerce el camino porque alguien te lo diga, o, de alguna manera te impacte. Necesitas que tú lo experimentes y desde lo más profundo de tu corazón te decidas a cambiar. Todo empieza por un tomar conciencia de la necesidad de arrepentirte y de depositar tu confianza en esa actitud de arrepentimiento. Porque lo que buscas es tu gran Ideal.

Es posible que nunca te des cuenta y pases toda tu vida siendo pato y no águila real. Porque has sido creado para eso, para volar en y a las alturas de forma majestuosa y plena. Cuando descubres que estás llamado a ser feliz plenamente será absurdo no serlo y quedarte resignado en la mediocridad e infelicidad. Es necesario cambiar.

Ese es el mensaje de conversión que Juan el Bautista nos transmite en el Evangelio de hoy. Es un mensaje que vive dentro de nosotros y al que todos los hombres debemos despertar, porque está dentro de nuestro corazón. Nuestro destino no está en este mundo, sino en el otro, donde seremos plenamente y eternamente felices. Para eso es el cambio.