viernes, 24 de noviembre de 2017

Lo peor no es que se hable lo imprescindible y sea lugar de encuentro y de paz, lo peor es que se convierta en lugar de chismorreo, de esparcimiento y diversión. Lugar de encuentro convertido en ocio y distracción. Y, cuando no, como ocurrió en tiempo de Jesús, lugar de mercantilización, transacciones comerciales y otras operaciones.

Su misión es una, pero se convierte en otra. Así, el templo era el lugar donde se vendían y compraban los animales utilizados para el sacrificio ofrecido a Dios. Al final, se convirtió en lugar de negocios y cambios. Eso fue lo que obligó a Jesús a expulsar a aquello mercaderes y proclamar su casa, casa de oración.

Hoy, en muchas iglesias, supongo que no todas, hay ambientes que, no siendo igual, si se convierten en lugares de diálogo, de habladurías, de saludos y demás. No sé si es lo adecuado, pero, quizás, se molesta a los de al lado, que aprovechan para hablar con Dios y necesitan silencio. El templo es un lugar de encuentro con Jesús sacramentado, presente y real bajo las especies de pan y vino.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Se repiten las historias. También ocurrió lo mismo con aquellos habitantes de Jerusalén. Rechazaron el mensaje que les trajo Jesús. Se mostraron indiferentes y le dieron la espalda. El Evangelio de hoy narra ese pasaje donde Jesús llega a llorar por ella. Hoy, la consecuencia de ese rechazo se hace visible en su propia historia.
                                                   
De la misma forma, nuestro mundo, que por extensión hereda esa buena Noticia, se encuentra inmerso en una gran tragedia. Perdido y de espaldas al Señor, se debate entre la vida y la muerte. El odio, la venganza, el egoísmos y las ambiciones de los hombres les enfrenta y sus murallas se derrumba. El consumo y el hedonismo en el que se vive lo estropean y amenaza su destrucción.

El debate está ahora en la impotencia del hombre por contrarrestar el deterioro del mundo. Un hombre que se ha erigido en salvador del mundo y dueño de él. Un hombre, sometido y prisionero de su propia debilidad y pecados, esclavo de sus pasiones, no sabe qué hacer ante la debacle que se le presenta. El mundo se derrumba. Y sólo levantar su mirada hacia arriba le da esperanza.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El evangelio de hoy –Lc 19, 11-28- habla sobre las cualidades. Nos muestra el encargo de un noble que viaja a un país lejano con la intención de recibir la investidura real y regresar. Antes de marchar reparte diez minas entre diez siervos suyos y les encarga que negocien hasta su vuelta. Y sabemos lo que ocurrió.

Lo importante es que descubramos que también nosotros hemos recibido unos talentos para negociar nuestra vida. Y, descubiertos, preguntarnos si realmente lo estamos negociando. O simplemente estamos viviendo de las rentas y mal gastando el tiempo y los talentos recibidos.

Y, quizás el matiz más importante es descubrir de qué forma los negociamos. Porque, nuestra vocación es comunitaria. Somos seres en relación, es decir, creados para relacionarnos en el amor. Un amor que nos ayuda a crecer como personas y a buscar el bien de los otros. Tú felicidad y la mía pasa porque los otros también sean felices.

martes, 21 de noviembre de 2017

Ante las dificultades que la vida les plantea a los hombres que buscan aparentar, pero vivir según sus proyectos e intereses, muchos se esconden en la apariencia y tratan de decir una cosa y hacer otra. Por eso, cumplir la ley no siempre dice la verdad, porque en ella se esconde también la mentira.

Ante todos estos problemas y apariencias, Jesús, al ser advertido de la presencia de su Madre y hermanos dejó muy claro que quienes pretenden ser sus discípulos, madre y hermanos tendrán que cumplir con la Voluntad de su Padre. Esos, los que lo hacen, serán su madre, sus hermanos y amigos.

Sabía lo que decía, pues su Madre fue la primera criatura que, obedeciendo la Voluntad de Dios, se sometió a su Voluntad. Ella fue la humilde de Nazaret, elegida para ser la Madre del Verbo encarnado, que, humillada ante el Señor puso humildemente su vida en sus Manos.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Uno de los frutos del Espíritu Santo es el don del temor a Dios. Un temor basado en la fe de que Dios lo puede todo y que podemos fallarle y quedarnos sin luz en nuestra lámpara. Será bueno estar vigilante y ser prudente, aunque sea por temor. En ese sentido el temor será bueno y hasta necesario.

Pero, nunca tener miedo, porque el miedo nos paraliza y nos deja inmóvil. Hay que tener fe y la fe siempre implica y exige riesgos. Así procedió Bartimeo el ciego. Oyó que pasaba Jesús y gritó por su compasión. Y no tuvo reparo ni miedo, a pesar de que lo mandaban a callar.

También nosotros experimentamos que Jesús pasa, y debemos proceder como Bartimeo. Aprovechar su paso y gritarle que queremos seguirle y que ilumine nuestra vida. Que nos llene de luz y fortaleza para dar ese salto que nos lleve a Él para que abra nuestros ojos y podamos seguirle con firmeza y fortaleza.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Las familias se unen y se sirven unas de otras. Esto da lugar al nacimiento de los pueblos. Sin embargo, el egoísmo, la envidia y la ambición los ha también enfrentados. Reconocer que todo lo que tenemos lo hemos recibido, puede ayudarnos a que la convivencia sea más justa y en paz.

Por todo ello, es bueno reflexionar y descubrir que los talentos son necesarios compartirlos, porque eso hace que la vida sea mejor y que todos sean más felices. Nuestra felicidad pasa también porque los demás sean también felices.

La razón del amor nace de la necesidad de descubrir que todo lo que hemos recibido está en función de poder compartirlo fraternalmente, pues lo hemos recibido de un mismo Padre que quiere el bien para todos sus hijos y ha repartidos dones y talentos entre ellos para que los pongan mutuamente al servicio los unos de los otros.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Hay un gran problema en nuestra vida, y es que no sabemos discernir lo que es verdaderamente importante de lo que no lo es. Si esto es así, sucede que gastamos nuestro tiempo en conseguir cosas que no son importantes ni significan nada para nuestros más profundos deseos. Así, tomamos lo superfluo y dejamos lo verdaderamente importante.

Y, de esta forma, pasamos nuestro tiempo en el esfuerzo de atesorar cosas en este mundo, tales como bienes, obras de artes, riquezas…etc., que luego se quedan aquí y no son eternas, y dejamos de lado aquello que realmente nos da la vida eterna. Es decir, insistimos en lo caduco y desistimos de lo eterno.

Con este panorama, deducimos que mal gastamos nuestro tiempo y esfuerzo en cosas caducas, y no lo empleamos para insistir en pedir lo que verdaderamente nos interesa y a quién nos interesa. Es el caso que nos plantea el Evangelio de hoy sábado –Lc 18, 1-8- donde se nos anima a insistir y no desfallecer.