martes, 19 de septiembre de 2017

Esta vida, la de este mundo, tiene verdadero sentido cuando su objetivo está en la otra vida, la verdadera. Esa vida de la que nos habla el Evangelio de hoy. Esa vida de Resurrección. Y no es lo verdaderamente importante la resurrección en este mundo, porque sabemos que volveremos a morir. Lo verdaderamente importante es la Resurrección, después de compartir la muerte en este mundo con nuestro Señor Jesús.

Porque esa es la definitiva, la que será para la eternidad, y sin problemas, ni amenazas, ni sufrimiento, ni problemas de ningún tipo. Porque esa la Promesa que nos viene a revelar y regalar nuestro Señor Jesús. Lázaro y ese hijo de la viuda de Naím tuvieron que morir después, a su hora, pero la Resurrección después de la muerte de este mundo, será eterna.

Será eternamente gozosa si morimos en Gracia de Dios; será eternamente feliz si morimos abierto a su Amor y Misericordia y entregados al cumplimiento de su Palabra. Será para siempre en plenitud si, humildemente, nos reconocemos pecadores y redimidos por la Gracia y Amor de nuestro Padre Dios.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El conocimiento puede ayudarnos en muchos momentos. Conocer el remedio nos da la oportunidad de vencer la enfermedad. En otras ocasiones, conocer al médico puede ser la oportunidad para salvar a alguien. Por eso es bueno conocer, sobre todo a aquellos que nos pueden ayudar.

En el caso que hoy nos ocupa, descubrimos que conocer a Jesús es la mejor opción que podemos tener. Porque Él es el Médico que cura, no sólo nuestras enfermedades físicas, sino también nuestra alma, salvándola y dándole vida eterna.

Por eso, escuchar y conocer su Palabra nos descubre que Él ha venido a salvarnos. Esa es la Buena Noticia. Una Noticia de salvación, que de no conocerla nos traería la muerte. Pero, sobre todo, la fe, la fe de sabernos salvados de todo peligro. Tú, Señor, eres el único y verdadero Camino, Verdad y Vida.

domingo, 17 de septiembre de 2017

El mundo está necesitado de perdón. Experimentamos que cuando en medio de los hombres nace la misericordia, se hace la paz. Y con la paz todo cobra sentido, aparece la justicia, la verdad y el amor. El mundo se transforma y todo se ilumina. La vida renace brilla la luz y el sol.

Por eso, sin perdón es imposible la vida, porque su ausencia es el génesis de las luchas y enfrentamientos. La verdad se tiñe de mentira y el amor se esconde bajo el poder y el tener. Todo se vuelve gris y oscuro y la muerte hace su presencia. El hombre pierde su esperanza y la vida se torna en muerte.

Necesitamos perdonar y perdonarnos. Porque todos somos pecadores y estamos necesitados de perdón. En el Evangelio de hoy, Jesús nos habla y nos enseña de qué manera perdona Dios. Nos habla de una parábola donde el amor del Rey se manifiesta claramente, pero también su justicia. Reflexionemos este Evangelio, y descubramos que el perdón es vital para la vida.

sábado, 16 de septiembre de 2017

La vida va dejando una estela de tus obras. Y, mirándolas, descubriremos que clase de frutos has ido dejando, si malos o buenos. Ellos revelaran si tus obras has sido buenas, o, por el contrario han estado cargadas de malas intenciones. De cualquier forma, las buenas obras no podrán salir sino de los buenos corazones.

Es una buena oportunidad descubrir que mora en tu corazón, si frutos de un árbol bueno, o malo. Porque, según sean tus obras, será también tu corazón. Así que, si tus obras son malas, en tu corazón morará el mal, y al revés si tus obras son buenas.

Pues, lo bueno procede de lo bueno, y lo malo procede de lo malo. Pero, esos frutos puedes cambiarlo ofreciendo tu corazón al Señor. Él puede convertir tu corazón de piedra, torcido y soberbio en un corazón de carne, limpio, derecho y humilde.

viernes, 15 de septiembre de 2017

El hombre, sin saber cómo y por qué, experimenta un deseo de felicidad y salvación. No se resigna a morir. Ningún animal protesta. Acepta la muerte como algo muy natural y sabe que la tiene amenazada cada momento de su vida. El hombre, por el contrario, busca seguridades y lucha para que su vida se prolongue y sea eterna.

Jesús, el Señor, entrega su Vida voluntariamente, como único camino de salvación. La entrega por amor, y sabe que el hombre, tocado y herido por el pecado, se resiste a amar. Quiere poder y fuerza e imponer su voluntad. Se entrega a sus apetitos sensuales y a sus egoísmos viciados por el pecado.

La Cruz es el signo de salvación del hombre. Cristo muere crucificado en ella por amor, y su Madre soporta con obediencia y fe el dolor de ver a su Hijo sufrir y entregar su Vida. Ambos aceptan el Plan del Padre y obedecen confiados en Él. La Cruz nos salva y también nosotros compartimos la nuestra con el Señor y con su Madre.

jueves, 14 de septiembre de 2017

El hombre se enfada y rechaza todo aquello que le hace sufrir. Sin embargo, no lo ve así, o al menos no se enfurece tanto cuando eso le sucede al vecino. En el fondo nos preocupamos cuando somos nosotros los que experimentamos el sufrimiento. Porque, Jesús experimentó el sufrimiento. Y lo hizo voluntariamente, sin tener ninguna culpa.

Podría quedarse quieto y rechazar ese plan de salvación de Dios. Pero, no fue así. Ni siquiera la Virgen, elegida para ser su Madre rechazó esa difícil misión. Ambos sufrieron voluntariamente por ti y por mí, y lo hicieron en silencio, obedientes a la Voluntad de Dios. No sufrieron por gusto, sino por amor a los demás.

Ofrecieron sus vidas para salvar a todos los hombres. Se entregaron a cumplir voluntariamente la Voluntad del Padre, es decir, amar a todos los hombres hasta el extremo de dar sus vidas. Pero, hay una condición, creer en Él. Se hace necesario la fe y la confianza, que depositada en Él nos dará la Vida Eterna.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

La pobreza no consiste en carecer de todo, sino, precisamente, no estar sometido a todos aquellos apegos y apetencias que esclavizan. Se trata de no llenar tu corazón de riquezas, de avaricia, de poder, de ambiciones y comodidades que te llevan al olvido de los demás. Se trata de compartir y amar procurando hacer el bien por amor, tal y como tú lo recibes de Dios.

Cuando experimentas estar liberado de tu sensualidad y de todo aquellos deseos intangibles que te someten y te esclavizan, es cuando puedes sentirte libre para amar. Entonces puedes darte en servicio, libre de todo interés, y abierto a toda actitud en verdad y justicia. Y dispuestos a entregarte al bien gratuitamente por amor.

Luego, en esta actitud, las bienaventuranzas no se hacen duras ni difíciles, sino que, a pesar de exigir un desprendimiento y esfuerzo por negarte y renunciar a ti mismo, experimentas que, injertado en la Gracia del Señor, todo es posible y tu voluntad se fortalece y hace posible el vivirlas con esperanza y alegría.