miércoles, 22 de marzo de 2017

Es un craso error pensar que los cumplimientos son una carga. No están por capricho sino para ayudarnos a mejorar y a perfeccionarnos. Y en la medida que los cumplamos experimentaremos el gozo y la paz que nos embarga y nos satisface. Si bien, lo verdaderamente importante es estar unidos a Dios.

Porque es el Señor quien nos libera y nos salva. No nos salvamos por los cumplimientos, sino por el Amor de Dios, que nos rescata y nos perdona misericordiosamente de todas nuestras culpas y pecados. Y es de sentido común que estando unidos al Señor cumpliremos todos sus mandatos.

Porque amar es hacer el bien, cumplir la ley y buscar el bienestar y la salvación de todos los hombres. Luego, vivir en el Amor de Dios es vivir en el espíritu de la Ley y los profetas que, por la Gracia de Dios, están para la salvación del hombre.

martes, 21 de marzo de 2017

Los pueblos se enfrentan porque los criterios humanos están apoyados en dar y recibir. Nadie da nada gratis, y hasta miran mucho que lo cambiado sea del mismo valor. Es decir, todo trueque tiene que estar compensado económicamente. Así, todo es mirado con lupa y ningún esfuerzo se hace gratuitamente.

De esta forma, los más débiles están en desventaja y a merced de los más fuertes. El poder se alía con los fuertes, y se excluye de los débiles. Porque los débiles poco pueden dar, todo sea servir, y los poderosos y fuertes se sirven, y en muchos casos explotan egoístamente a los débiles.

Así, el conflicto está servido. Los enfrentamientos se producen frecuentemente y nacen las rupturas y las luchas. Se hace necesario perdonar, porque tú no haces todo bien, y sin embargo has sido perdonado. Así, tú también tendrás que perdonar. El ejemplo más próximo lo descubrimos en nuestros propios padres. ¡¡Cuánto nos han perdonado!

lunes, 20 de marzo de 2017

La vida nos exige tomar decisiones, y de tomarlas bien o mal dependerá que se elija el buen camino o el mal camino. Todo consistirá en buscar la verdad, porque quien busca, encuentra y quien pide, recibe. Y al que llama se le abre. Ahora, la cuestión está a quién y cómo hay que pedir.
                       
En eso consiste la diferencia. Todo dependerá a quién se elige y en quién se deposita la fe y la confianza. Tenemos el ejemplo y testimonio de José. Tuvo fe en Dios y, recibido su mensaje, hizo lo que el ángel le había dicho de parte de Dios. Su vida fue un empeño en hacer su Voluntad.

Igual nos ocurre a nosotros. ¿Qué voluntad hacemos? ¿La nuestra o la de Dios? De la misma manera que a José, Dios también nos habla a nosotros. La diferencia consiste en que hay que estar atentos, abiertos a la escucha y dispuestos a obedecerle. En eso consiste el discernimiento de nuestro camino: “Escuchar, abrirse a esa escucha y ponerla en práctica”.

domingo, 19 de marzo de 2017

En el camino el hombre se cansa. Y el cansancio se repone con el agua y los alimentos. Hay que tenerlos y buscarlos. Sin embargo, ocurre que muchos hombres con lo indispensable y necesario no quedan satisfechos. El hombre descubre que detrás de las necesidades materiales hay otras, quizás, en apariencias, no más importantes, pero en realidad, sí, más importantes.

Porque lo material se consume y se gasta. E incluso llega a gastarse y a caducar. Su futuro está limitado y esa limitación las hace perecederas y finitas. Entonces su gozo no es pleno y la felicidad eterna que el hombre persigue se ve limitada. Luego, su importancia no es del todo la mayor.

Porque el hombre ansía ser eterno y alcanzar plenamente el gozo y la felicidad. Y eso, descubre, que no lo consigue con las cosas materiales, que le satisfacen, pero no le dan plenitud. Por lo tanto, buscamos esa agua que se convierta dentro de nosotros en una fuente de agua que brota y mana eternamente. Esa agua que Jesús nos promete y que nos sacia eternamente.

sábado, 18 de marzo de 2017

Tiene mucho sentido común manifestar que sólo los enfermos necesitan médico. Y, de la misma forma, sólo los pecadores necesitan ser perdonados. No sería lógico que alguien que se considere limpio busque ser perdonado. Por lo tanto, quien ha venido a perdonar necesitará a quienes necesiten perdón.

No saben lo que dicen aquellos que confiesan: «Este acoge a los pecadores y come con ellos».  Y es que no puede ser de otra manera. ¿Cómo va a perdonar a lo que consideran que no tienen nada de lo que pedir perdón? Los que así murmuran descubren su ignorancia y su necedad.

Son, quizás, los más necesitados de perdón. Están ciegos y desorientados y encarnan al hermano mayor de la parábola que Jesús les cuenta. Todos quedamos retratados en ese hermano mayor que está en la Casa, pero lejos del corazón del Padre. Se limita a obedecer y cumplir, pero con eso no basta. Falta el amor. 

viernes, 17 de marzo de 2017

No hay explicación posible para el origen de la vida. Dios nos la ha regalado a través del instinto procreativo como forma de perpetuarnos, pero también para responder a una específica misión que palpita sellada dentro de nuestro corazón: “El amor”.

El hombre descubre que está hecho para amar. El amor será el centro de su vida, pero, sólo lo será, si sabe utilizarlo en el verdadero sentido de la palabra. Porque amar no es buscarse y satisfacerse, sino darse y servir. Sólo cuando el hombre está dispuesto a entregarse por y para el bien del otro, podemos decir que se ha encontrado con el amor.

Y eso dará sus frutos. Frutos que vendrá, en su segunda venida, el Señor a recoger. Frutos que se cultivarán con el agua amorosa de tu auténtico amor y tú disponibilidad para entregarlos en servicio de los demás.

jueves, 16 de marzo de 2017

La ambición de forma desmedida ocasiona problema y origina deterioro. El hombre no es capaz de controlar su ambición y estropea el mundo exprimiéndolo y mal utilizándolo. Y en esa ambición desmedida se enfrenta a su prójimo sometiéndole y excluyéndole.

Tal ambición le lleva a apoderarse de lo que no es suyo, y que le ha sido dado para bien administrarlo y cuidarlo para beneficio y uso de todos. Así, mientras unos poco disfrutan y viven en la abundancia a todo lujo y bienestar, otros, los más, sufren y padecen todo tipo de calamidades y miserias.

Y estas desigualdades provocan migraciones y movimientos que hacen buscar a los excluidos lugares mejores donde poder vivir dignamente y en paz. Las riquezas de unos pocos no son propiedad de ellos, sino que pertenece a todos. Y todos deben tener acceso a, con su trabajo lícito y honrado, conseguir un bienestar digno para vivir.