miércoles, 17 de enero de 2018

No siempre todo se ve claro y despejado. Hay situaciones que cuestionan las leyes y los principios. Ocurre en política, donde, cuando las cosas no salen como a alguien le conviene, trata de sortearla y buscar caminos por donde poder darle vuelta a la tortilla.

Supongo que en aquellos casos donde la ley existe, algunos, con poder para ello, se la saltan y la evitan cuando les pone en alguna situación que no les gusta o conviene. La cárcel está llena de políticos que han incumplido la ley. También, en aquellos tiempos de Jesús muchos, a escondida, incumplirían la ley.

Porque, la ley es ley cuando cumple la condición de favorecer el bien del hombre y favorecerle en verdad y justicia. No se trata de ponerle el camino fácil, sino el de ser prioritario en todos los derechos ante la ley. Dios lo ha creado criatura primera y ha puesto el mundo a sus pies para que lo administre en verdad y justicia.

martes, 16 de enero de 2018

El hombre necesita leyes, pero también necesita equilibrio y saber dónde termina el cumplimiento de la ley y empieza la prioridad del hombre. Porque, todo debe ir orientado al bien del hombre. Se corre el peligro de que la ley priorice la vida del hombre y, éste se vea sometido a ella.

Por eso, hay que tener bien claro que la ley está para el bien del hombre, y que son necesarias para regular su vida, pero siempre en función de servir a éste y no someterle. Y es que, sin darnos cuenta, nos hacemos esclavos de la ley y son ellas las que nos gobiernan.

Jesús sufrió esta forma de pensar en su tiempo, y, a pesar de la distancia, todavía sigue ocurriendo lo mismo. Porque, ¿no estamos cayendo en el mismo error con el trabajo los domingos? ¿No nos hemos pasado al extremo de priorizar lo material y no dejar lugar a lo espiritual? ¿No buscamos el ocio y la diversión ante que espacios de oración y verdadero descanso espiritual?

lunes, 15 de enero de 2018

Hay momentos para ayunar, y otros que procede celebrarlo y disfrutar. El ayuno no puede sustituir a la alegría y a los momentos de fiesta. Está Jesús con nosotros y eso nos invita al gozo, la fiesta y la alegría. Celebramos la resurrección y no la muerte, y no es momento de dolor ni de tristeza.

Ahora es tiempo de fiesta, porque nos sabemos perdonados por la Misericordia del Señor. Han llegado tiempos nuevos y lo viejo hay que dejarlo y desecharlo. No podemos remediar  lo viejo con lo nuevo, porque lo uno puede dejar sin alegría a lo otro. Hay que beber en vino nuevo y también conservarlo en odres nuevos.

Llegarán momentos de oscuridad y de tinieblas y habrá que buscar la luz. Serán tiempos de ayunos y sacrificios porque el Novio se haya ausentado. Será tiempo de búsqueda, de oración y de perseverancia. Tiempos de exigencias y de conversión. Ven Señor Jesús y permanece entre nosotros.

domingo, 14 de enero de 2018

Necesariamente, previo a las preguntas que nacen en tu corazón, tendrá que existir una disponibilidad y exigencia para el cultivo de las mismas. Sin inquietud ni disponibilidad las preguntas quedan enterradas en el lodazal del mundo que te ahoga y te distrae.

Pero, también, una vez cultivadas esas preguntas en tu corazón hay que tratar de darle respuesta. Y eso exige estar atento, expectante y en disponibilidad de espera. Una actitud vigilante con la lámpara encendida para, tras ver la señal o a quien se espera, ponerse en camino.

De eso nos habla el Evangelio de hoy. Andrés y Juan, ambos discípulos de Juan el Bautista, estaban atento y expectantes. Esperaban al Mesías, que no conocían. Creyendo que era Juan, fueron advertidos por él que el Cordero de Dios era otro. Precisamente, Aquel que pasaba en ese momento delante de ellos. E invitados por Juan le siguieron porque querían conocerle y saber dónde vivía.

sábado, 13 de enero de 2018

Sucede que cada día somos llamados a levantarnos. De hecho tenemos que levantarnos de la cama e iniciar nuestras actividades diarias. No podemos quedarnos en cama ni abandonar nuestros quehaceres y compromisos. Tanto si estamos en activos o jubilados. El día amanece cargado de cosas que hacer.

Y, lo importante, es hacerlas con verdadero amor y con el esfuerzo de hacerlas bien. Para eso hemos sido creados y también elegidos. Sí, somos elegidos para amar, y el amar nos exige actuar con verdadero deseos de atender, escuchar y servir. Pues, amar significa eso.

Y para eso nos elige el Señor. Por lo tanto, decir sí al Señor y seguirle es estar dispuestos al servicio por amor a todos los hombres. Y eso nos compromete al esfuerzo de cada día en mejorar, en perfeccionarnos y en llenarnos de la Gracia de Dios, pidiéndosela, celebrando los Sacramentos y perseverando en Él. Porque, Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

viernes, 12 de enero de 2018

Es cierto que la fama de Jesús prendió y se extendió como el fuego. Eso de curar enfermedades se propaga rápidamente y le buscaban hasta el punto que le asediaban. Todos buscaban ser curados, pero Jesús no pretendía sólo curar enfermedades. Su misión era la salud integral, de cuerpo y alma.

La humanidad del hombre le ciega y le aparta de lo espiritual. No todo es materialidad, sino que hay también una gran parte de espiritualidad. El hombre es cuerpo y alma, y, si bien el cuerpo hay que cuidarlo, mayor importancia tiene el alma. Porque el cuerpo lo podemos siempre rescatar, pero perdida el alma será imposible recuperarla.

Por eso, Jesús pone todos sus esfuerzos en recuperar y limpiar el alma. Y ante la presencia del aquel paralítico que le ponen delante, su primera intención y palabras van dirigidas a perdonarle los pecados. Pero, una vez más, aquellos escribas de su tiempo pensaban mal y obligaron a Jesús a revelar su poder de hacer milagros para probar también su poder de perdonar los pecados.

jueves, 11 de enero de 2018

Aquel leproso sabía quién era Jesús. Se desprende por su acercamiento y petición que le conocía bien y sabía su poder. No se le dice tan fácilmente a alguien: «Si quieres, puedes limpiarme». Eso descubre una gran fe en esa persona, y conocimiento de que puede hacerlo.

Realmente, nos interpela y nos reta a nosotros a preguntarnos por nuestra fe. ¿Tengo yo fe en Jesús hasta el punto de creer que puede curarme? Es más, mejor, ¿qué puede salvarme? ¿Y esa fe compromete mi vida y la modifica? ¿Mi percepción de la vida y del mundo se ven alteradas por mi fe en Jesús?

No es la intención de Jesús curar y hacer milagros, pero los haces porque siente compasión por todos nosotros. Ha venido a salvarnos para siempre, no para sacarnos de una enfermedad o apuro, y ya, desde ese momento, alivia la vida de todos aquellos que se acercan a Él. Nos proclama que el Reino de Dios está cerca y que se ha cumplido el tiempo.