viernes, 23 de junio de 2017

Para un niño no hay nada más seguro que su padre y su madre. He visto a abuelos y familiares tratar de sustituir a los padres, por necesidades ajenas a sus voluntades, y verse en la imposibilidad de poder hacerlo. No dejan ni que los acerquen al colegio. Sólo con sus padres admiten jugar con otros, pero sin sus padres extrañan todo.

De la misma forma, nosotros, hijos de Dios, deberíamos estar muy relacionados íntimamente con nuestro Padre Dios. De tal forma, que si Él nos faltara experimentásemos que, sin Él, no podríamos vivir. Y sentirnos seguros y con total garantía ante su presencia. Porque todo lo que nos promete se cumple.

Pero eso exige un corazón humilde y confiado. Un corazón de niño que se fía de lo que el Padre le dice y cree firmemente en Él. Le damos, pues, gracias a nuestro Señor Jesús, que nos ha revelado la presencia y el Amor del Padre, y nos da fuerza con su testimonio y sus obras. Sobre todo con su Resurrección, para que creamos en Él y en el que le ha enviado: Nuestro Padre Dios.

jueves, 22 de junio de 2017

Ponernos en lugar de otro nos enseña a comprenderlo y a saber perdonar. Porque cuando experimentamos injusticias tratamos de resistirnos y de luchar contra ellas. Comprendemos que no estaría bien derivarla sobre otros, pues si no la queremos para nosotros, ¿cómo podemos quererlas para otros?

Y, a la hora de pedir justicia, debemos tener en cuenta que, no sólo debe importarnos nuestro bienestar, sino también el bienestar de los demás. Porque, pedimos al mismo Padre, y es Padre de todos. Y eso nos hace hermanos. Por lo tanto, debemos amarnos y perdonarnos.

Y no podremos presentarnos delante de nuestro Padre, si antes no hemos procurado defender a los más pequeños y necesitados, y, sobre todo, perdonar a los que nos han hecho mal. Porque en la medida que perdonemos, así también seremos perdonados por nuestro Padre.

miércoles, 21 de junio de 2017

Todos, por propia experiencia, reconocemos que ser humildes es lo perfecto y lo bueno. Es el ideal, pero experimentamos que nos cuesta ocultar nuestros logros y exhibir nuestros éxitos. Y que necesitamos ser reconocidos por los demás. Nos sentimos mal cuando nuestro esfuerzo pasa desapercibido. Y eso se nota en nuestros grupos o comunidades y asambleas.

Quizás busquemos ese premio, alabanza u honor adjudicándonos antes y por los demás. Aún, a sabiendas, de que no lo reconozcamos, e, incluso no lo merezcamos. El Evangelio de hoy nos habla de ser humildes y no practicar nuestra justicia delante de los hombres, para no ser visto por ellos. Sobre todo con el propósito de lucirnos y que nos vean. Y pasar aparentemente como lo que no somos.

Tratemos, pues, de vivir en coherencia de pensamiento y vida, con nuestras obras y realidades. Mostrémonos tal y como somos, confiados en que no somos nosotros quienes cambiamos, sino que es Dios quien nos cambia nuestro corazón imperfecto e impuro, en uno perfecto y puro. Amén.

martes, 20 de junio de 2017

Tendremos que reconocer y confesar que esa característica de amar, incluso a los enemigos, es algo sustancial y diferente al sentimiento humano. Porque, nuestra naturaleza humana está herida y tocada por el pecado, y sometida al rencor, a la envidia, al egoísmo y a todo lo que nos hace enfrentarnos los unos con los otros.

Sin embargo, Jesús nos trae ese mandato del Amor. Un Amor en la misma línea que le ha traído a Él a entregarse por nosotros. Un Amor voluntario y libre, que se da y se entrega sólo por amor, valga la redundancia. Un Amor sin condiciones y a todos, buenos y malos; amigos y enemigos.

Y es que el Padre y Él nos aman así, sin condiciones. Y a pesar de no cumplir ni hacer su Voluntad; y a pesar de defraudarle y rechazarle en muchos momentos. Por nuestra lógica y sentido común estaríamos ya condenados. Sin embargo, el Padre nos espera y nos abre los brazos. ¿No tendremos que hacer nosotros lo mismo con nuestros enemigos?

lunes, 19 de junio de 2017

Por experiencia, sabemos que los violentos no razonan ni cambian su proceder con razonamientos. Por desgracia observamos muchos actos violentos donde se abusa y, escondidos en el grupo y el anonimato, de muchas personas. Se pierde la razón y se nubla la mente por fanatismos deportivos o ideológicos.

Ante toda esa espiral de violencias, el cristiano debe responder pacíficamente y buscar la concordia, la reflexión y la paz. Incluso, a pesar de no obtener resultados. En todo caso debe evitar enfrentamientos y buscar situaciones y ambientes donde el diálogo y el sentido común hagan presencia.

Esto no consiste en retirada, sino en retomar la actitud de manifestarse abierto al perdón con firmeza y decir las cosas claramente y decididamente. Siempre guardando la paz y la serenidad, y tratando de provocar ambiente reflexivo y sereno donde se busque la verdad.

domingo, 18 de junio de 2017

La vida es una lucha por la subsistencia. Y, para eso, el alimento es imprescindible. Sin embargo, el hombre no se queda ni se conforma con subsistir terrenalmente y por un tiempo limitado, sino que persigue la vida eterna. Eso, no es que lo descubra, sino que lo lleva implícito en su corazón desde que ha sido creado.

Pero, ese alimento que el hombre busca y necesita. El que le da la tierra, no le satisface su aspiración máxima de eternidad. ¿Dónde, pues buscarlo? El mundo no lo tiene, y el hombre no lo encuentra. Es por lo tanto imprescindible levantar la mirada y mirar al Cielo.

Porque del Cielo vino el pan que ayudó al pueblo elegido de Dios a atravesar el desierto. Pero, tampoco ese pan daba la vida eterna. Sólo, Aquel que envió el Pan del Cielo, ha enviado a su Hijo, el Señor Jesús, verdadero Pan de Vida que nos da la Vida Eterna a quienes lo comen.

sábado, 17 de junio de 2017

La cuestión está en que nuestra vida responda con nuestra palabra. De tal modo que, nuestra palabra debe corresponderse con nuestra vida. Ya ante tal hecho nada se resistirá a creernos y dar crédito a nuestra palabra. Se trata, pues, de ser coherentes.pensa

Basta simplemente decir la verdad. Y la verdad, aunque de inicio no sea creída, terminará por imponerse, pues la verdad siempre emerge y alumbrará a los hombres..Tarde o temprano no quedará la mentira, porque con ella no se puede vivir. Al final siempre emergerá la verdad.


Por lo tanto, no vale jurar ni poner a nadie por testigo. Simplemente decir sí o no, y sostenerse firme en esa palabra. Porque la verdad no necesita de privilegios ni ayudas. Emergerá porque es la única forma y camino para sostener y fundamentar la vida fraterna entre los hombres.