martes, 19 de junio de 2018

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Recibir una ofensa no  significa permanecer impávido y sin respuesta. Quizás tengamos que, en algunos momentos, defendernos y preguntar por qué nos han hecho eso, pero lo que no podemos perder de vista es nuestra actitud de no ser violento y de buscar siempre la paz y la buena intención. La esencia del cristiano es crear espacios de paz y de perdón.
                        
 El testimonio es lo que sorprende y contagia. Un testimonio de amor y cargado de buenas intenciones llega al corazón, incluso del enemigo, y le hace preguntarse e interpelarse por su mala acción. Al menos interrumpe la violencia y pacifica la mala acción del que quiere ofender y pleitearse creando un clima de paz.

Porque, sólo en la paz favorece el clima del perdón y del amor. Porque, sólo la paz genera la buena convivencia y permite que las relaciones entre las personas sean más justas, más verdadera, más generosa y fraterna. Porque, sólo la paz puede acabar con el odio y la violencia.

lunes, 18 de junio de 2018

Es algo que nos resulta difícil de entender y de superar. La violencia y el mal nos violentan y nos impulsan a responder con las mismas armas. Pero, por experiencia, sabemos que eso no arregla nada y que añadirá más violencia a la vida y al ambiente. Por lo tanto, lo más lógico es tener serenidad y actuar con cabeza haciendo el bien.

No podemos enfrentarnos a esa lucha, solos, sino de la Mano del Espíritu Santo. La violencia nos puede y despierta nuestra soberbia e instinto y nos inclina a violentarnos nosotros también. Es la normal reacción humana. Necesitamos la Gracia de Dios para suavizar nuestro corazón y llenarnos de paciencia.

Pero, sobre todo, para amar. Necesitamos amar porque es en el amor donde encontramos el perdón y la felicidad, y la violencia estropea todo. Por eso, cultivemos en la presencia de Dios un corazón generoso, caritativo y dado a compartir y a darnos en paz y verdad a los demás.

domingo, 17 de junio de 2018

Resultado de imagen de La felicidad y el trabajo
El hombre quiere ser rico para dejar de trabajar y ser feliz, pero eso no deja de ser una paradoja porque no concuerda con la realidad. Los ricos no son felices y nunca dejan de trabajar, porque el simple hecho de cuidar de sus riquezas se convierte en el peor trabajo y en la mayor preocupación y angustia.

El trabajo dignifica al hombre y le da sentido a su vida. Nacemos con trabajos y esfuerzos desde que nos empeñamos en conocer el mundo al que tenemos derechos y para el que hemos sido gestados en el vientre de nuestras madres. Trabajo también les cuesta a nuestras madres dar a luz a sus hijos desde el primer momento que lo conciben en su seno.

Y sin trabajo el hombre queda desorientado y perdido. Luego, la felicidad no se consigue en este mundo tengas o no tengas que trabajar. Lo mejor sería aprovechar tu trabajo para hacer las cosas bien y ganar con él la única vida eterna donde sí en ella encontrarás la plena felicidad para siempre.

sábado, 16 de junio de 2018

Resultado de imagen de Mt 5,33-37
Es triste pensar que para que mi palabra sea creída tengo que jurar por alguien, o poner a otros por testigos. Algo ha fallado en tu vida, porque tu palabra, al menos por aquellas personas que te conocen debe bastar. Sería bueno replantearse la propia vida cuando se empieza a dudar de tu palabra, porque eso no dice bien de tu persona.

Porque, cuando tienes que apoyarte en otro para ser creído o poner a Dios por testigo, Jesús te dice en el Evangelio de hoy que eso viene del Maligno. Tú y yo debemos limitarnos a decir simplemente sí o no, y eso debe bastar. Eso también nos compromete y nos obliga a hablar siempre en verdad y en justicia y a no decir mentiras.

Porque la mentira destruye tu verdad y tu palabra, y la llena de desconfianza y le quita todo su valor. Luego, debemos cuidar bien lo que decimos y mantenernos firmes en nuestra palabra. Pues, hablando en verdad siempre tendremos la oportunidad de que se valore nuestra palabra, pues la verdad siempre emerge y triunfa.

viernes, 15 de junio de 2018

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La ley es necesaria y complementa, pero no suficiente. Hay que ir más allá y contemplar el bien o el mal que conviene al hombre. Y, aunque la letra no pueda llegar a descubrir la buena o mala intención, el espíritu si puede contemplar desde la misericordia y el amor las últimas intenciones que persigue cualquier acto del hombre.

Y es esa buena o mala intención referida a la búsqueda de la verdad, la justicia y el bien es lo que debe determinar la aplicación justa de la condena. Porque, con frecuencia tratamos de esconder y justificar nuestras segundas y egoístas intenciones aparentando lo que realmente no es y desdibujándolas con apariencias y espejismos.

Todo se concreta en desviar la verdad y aparentarla con la mentira. Está en juego la fidelidad, y eso nos compromete y va contra nuestras apetencias e intereses. Queremos deleitar nuestra vista y dar rienda suelta a nuestros deseos lujuriosos y sensuales, y falseamos la verdad. Al final quedamos retratados, porque la verdad sale a relucir.

jueves, 14 de junio de 2018

Resultado de imagen de Mt 5, 20-26
No se trata de un rosario de nones y de negaciones que sólo prohíben hacer. Se trata de aplicar todo aquello que favorezca el bien y vaya dirigido a buscar la verdad, la justicia y el bien del hombre. A veces hay leyes que no tienen sentido común y que no tienen en cuenta el bien del hombre para nada.
                   
Pero, no sólo importa los actos visibles y consumados. También son muy importantes las intenciones ocultas dentro de los corazones que el hombre puede disimular o aparentar. Pero, la falta se ha cometido aunque no haya llegado a consumirse el acto, porque es la intención la que determina el delito.

Importa mucho mirar para tus adentros y reflexionar sobre tus primeras intenciones, porque son ellas las que dan culpabilidad o la quitan a tus obras, consumadas o no. Porque, no peca solamente aquel que quiere matar y mata, sino también aquel que queriendo hacerlo no lo hace por alguna razón.

miércoles, 13 de junio de 2018

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La experiencia nos lo presenta cada día. Las parejas son felices, o al menos se sienten atraídos en los primeros meses, mientras se gesta el conocimiento. Luego, al hacerse natural la relación y entrar en una dinámica de confianza, salen las virtudes y defectos de cada uno y empieza el verdadero casorio.

Porque, realmente, eso es lo que hay que cazar, las diferencias que nos separan, porque lo que nos une, ya nos une. Por eso, sirva esta experiencia de ejemplo respecto a nuestros cumplimientos y a todas nuestras responsabilidades. Incluso, las más pequeñas e insignificantes tendrán que cumplirse tal y como manda la ley.

Nada dejará de cumplirse, y aquel que lo esconda o no le dé cumplimiento sufrirá sus consecuencias cuando llegue su hora. Así nos lo ha dejado dicho nuestro Señor: el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.