¿Qué hacemos
nosotros cuando la verdad nos incomoda? ¿La rechazamos, como Herodes, o dejamos
que nos cambie y nos acerque a Cristo?
Es evidente que
apostar por la verdad puede tener un precio. La verdad no siempre es aceptada
y, a veces, quien la proclama resulta incómodo.
El norte de mi
vida y el rumbo de mi camino, Señor, están en Ti. Todos mis esfuerzos van
dirigidos a vivir en tu Voluntad, aunque confieso que dejo mucho que desear.
Soy débil, Señor, y necesito tus fuerzas para sostenerme en tu Palabra y
Voluntad.
Juan el Bautista lo experimentó hasta las últimas consecuencias. ¿Estamos nosotros dispuestos a ser valientes y coherentes, incluso cuando defender la verdad nos pueda traer dificultades?