Se nos puede
venir el mundo abajo. De hecho, las lecturas de Job, de estos días, nos ponen
precisamente ante esa situación. Pero, si nuestra vida está apoyada en Dios,
todo se mira de otra manera.
Señor, hazme
como un niño a pesar de que yo no lo entiendo muy bien. Llena mi corazón de esa
inocencia confiada en tu infinita bondad y misericordia.
Esta es la pregunta que hoy podemos hacernos: ¿Dónde tenemos nosotros apoyada nuestra vida? ¿En el éxito y en las cosas de este mundo, o en nuestro Padre Dios?