domingo, 8 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Cuando el Espíritu establece su morada en el hombre, este no puede dejar de orar, porque el Espíritu no deja de orar en él: duerma o vele.

Padre, siempre he querido llamarte Padre. Porque un padre siempre perdona y está al lado de su hijo. Por eso, Padre mío, en tus manos pongo mi vida y a Ti me confío. Tu Amor y Misericordia son infinitos.

La oración no cesa en él; como o beba, descanse o trabaje, el perfume de la oración exhala espontáneamente de su corazón. (Isaac de Nínive).

sábado, 7 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Dios nos espera. Otea el horizonte. Desea acogernos y celebrar el regreso del hijo con abrazos, banquete y palabras llenas de ternura.
Ahí está nuestra esperanza: la salvación.

Señor, me pongo en tus manos para que mi vida, bendecida por Ti, sea una bendición para todos los que me rodean. Amén.

La alegría del Padre Dios es la del amor. Nos ama.  Incluso si decimos: «Pero yo soy un pecador, hice esto, esto y esto…». Dios nos responde: «Yo te amo igualmente y voy a buscarte y te llevo a casa». (Papa Francisco 27-11-2013).

viernes, 6 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Somos conscientes de que hemos recibido una herencia de la que debemos responder con nuestros frutos? 
Y, si lo somos, ¿nos tomamos en serio esa responsabilidad?

Señor, dame una mirada de eternidad, porque lo bueno solo tiene valor cuando es eterno. De nada me vale una felicidad de instantes si no es eterna. Y eso busco, Señor, en Ti, porque solo Tú eres eterno.

¿Conocemos las cualidades que se nos han confiado —como en régimen de alquiler— para ponerlas a producir y ofrecer los mejores frutos? 

jueves, 5 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Quizás vivimos despreocupados del sufrimiento de los demás. No basta con compadecernos, sino también mantener siempre atentos los oídos al grito de dolor de los demás, sobre todo de los más cercanos.

Mi vida, Señor, no está a la altura que a mí me gustaría. Soy un pecador y mis faltas y errores se hacen presentes cada día. Pero también sé, Señor, que si quiero cambiar, solo contigo puedo hacerlo. Y eso te pido ahora, Señor, ayúdame a cambiar mi vida.

La solidaridad consiste en mantener la mirada atenta como quien escruta el mar en busca de un naufragio. Sentir como algo propio el sufrimiento del hermano de aquí y el de allá porque ninguno nos es ajeno.

miércoles, 4 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

La vida se nos ha dado para gastarla, no para economizar en estéril egoísmo. Darla gratuitamente en favor de los demás aunque no paguen ni devuelvan el bien recibido.

Ayúdame, Señor, a saber esperar pacientemente, confiando en tu Palabra y tu presencia. A no desesperar y a saber que Tú estás siempre a mi lado con los brazos abiertos para perdonar todas mis faltas y debilidades.

La vida se da sencillamente, sin publicidad, como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho a su bebé, como el sudor humilde del sembrador…

martes, 3 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

En este camino hacia la Pascua, ayúdanos, Jesús, a dejar de lado las apariencias y a entablar relaciones genuinas y horizontales que nos permitan escuchar realmente al otro, como Tú.

Es la lucha de cada día, Señor. Mis flaquezas y debilidades me inclinan a no ser respetuoso, a la confrontación y al atropello con el prójimo. Y, Tú lo sabes, Señor, yo no quiero ser así, sino vivir en tu amor y respeto al prójimo. Ayúdame, Señor, a ser como Tú.

El Señor se acerca a nosotros cuando nos domina el dolor, para restaurar nuestra dignidad y mostrarnos que nuestros errores y fracasos no nos definen. Necesitamos aprender a vernos como Él nos ve.

lunes, 2 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Es evidente que perdonar nos cuesta mucho, pero recuerda que primero nosotros hemos sido perdonados. Eso nos dará la fuerza para perdonar.

Gracias, Señor, por mostrarme tu Amor y Misericordia en cada momento de mi vida. Tu presencia llena plenamente todos mis anhelos de esperanza y le da sentido a todos mis actos, incluso a mis fallos y sufrimientos.

Y lleva siempre grabado en tu corazón que el perdón te abrirá la puerta de la Casa del Padre. Son las palabras que Jesús nos enseñó al orar: 
«Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden».