sábado, 28 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

En nuestra vida, nos enfrentamos a decisiones en las que elegir implica renunciar, y no siempre sin dolor. Hoy, el Evangelio nos invita a preguntarnos: ¿desde dónde estamos decidiendo… y al servicio de quién ponemos nuestras decisiones?

Vine a este mundo desnudo, sin nada y por tu Gracia, Señor. Y me iré de la misma forma. Solo, Señor, desde el principio, tengo tu amor y misericordia, y en ellos pongo todas mis esperanzas.

Nos acosan las dicotomías: fe o miedo, acoger o rechazar, asumir las consecuencias o refugiarnos en la comodidad, vulnerabilidad o poder, resistencia o conversión.

viernes, 27 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

La vida de Jesús fue una lucha. Vino para vencer el mal y, en muchas ocasiones, experimentó la tentación y la persecución. También nosotros las viviremos.

Cuando me alejo de ti, Señor, y me dejo llevar por las cosas de este mundo, mi paz y serenidad se resienten. Dame, Dios mío, la sabiduría de permanecer siempre a tu lado, ya sea en la brisa suave o en las tempestades.

El espíritu del mal rechaza el bien, y más aún nuestra santidad. No quiere nuestro testimonio cristiano ni que seamos verdaderos discípulos de Jesús, nuestro Señor.
Pero no estamos solos: Cristo camina con nosotros y nos fortalece en cada combate.

jueves, 26 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

La fe es fiarte, confiar en la Palabra que Jesús te dice. Lo mismo que has hecho con tus padres. Ese es el paso que tienes que dar; luego, por su Gracia, la fe irá germinando en tu corazón.

Cada día cometo muchos errores y torpezas. Espíritu Santo, educa mis ojos para mirar con bondad; educa mis oídos, para que escuchen con amor y misericordia, y mi lengua para que dé el consejo conveniente.

Puedes pensar que no tienes fe, pero en cada instante de tu vida estás fiándote. Te fías de tus padres, de un buen amigo, del taxista, del piloto, del camarero, del cocinero…
¿Y de Jesús? Solo Él te ofrece lo que realmente buscas: vida eterna en plenitud.

miércoles, 25 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

María nos señala el camino. Un camino que recorrió sin exigir pruebas, confiando en la Palabra de Dios. ¡Y nosotros!, ¿estamos dispuestos a dar nuestro sí?

Señor, toda mi vida está apoyada en Ti. Tú eres el Tesoro que noche y día busco con todas mis fuerzas y deseos, con la asistencia del Espíritu Santo, al que le pido sabiduría y fortaleza para encontrarte y no separarme de Ti.

No es un camino fácil ni cómodo, pero sí lleno de esperanza. Porque en esa invitación —aparentemente exigente— se esconde lo que más anhelamos: la verdadera felicidad.

martes, 24 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Nuestra curación llega al mirar la cruz, al mirar a Dios que asume nuestros pecados. Muchas veces nuestra vida se consume inútilmente en el desierto de la tristeza porque no queremos vivir al estilo de Dios.

Señor, mi vida pasa poco a poco y no da los resultados que yo quisiera. No sé si te gusta mi vida, Señor, pero mi preocupación y meta es responder a tu amor lleno de misericordia. Y en eso me encuentro y eso te solicito.

Este mundo no puede darnos la felicidad que buscamos. Sin embargo, Dios nos la ofrece en su Hijo. En nuestras manos está acogerla o rechazarla.

lunes, 23 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

La ley está para cumplirse, pero la misericordia abre un camino nuevo: el de la conversión y la restauración de la dignidad.

Espíritu Santo, toma mi vida y dirígela, fortalécela en el Amor y la Misericordia de Dios, transformándome en fruto del Espíritu Santo, para que emanen caridad, misericordia y entrega a través de cada poro de mi cuerpo.

La ley no es un fin en sí misma; primero está el bien de la persona. La compasión tiene un valor superior, porque libera y salva.
Cumplir la ley en plenitud es hacer el bien.

domingo, 22 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Jesús siempre está cerca, buscándonos, incluso antes de que nosotros lo busquemos. Pero, frente a Él, en nosotros a menudo, surge un lamento: «¿Por qué lo has permitido?»

Señor, hazme instrumento de tu amor para que todos aquellos con los que me relaciono cada día descubran tu presencia y se acerquen a Ti.

Con mucha frecuencia hacemos culpable al Señor de nuestros problemas: decimos lo que no debemos, echamos en cara, nos quejamos y lanzamos reproches.
Señor, transforma nuestros reproches en confianza y nuestras dudas en esperanza.