¿Te has parado a pensar qué es lo que habita en tu corazón?
Porque de lo que haya dentro dependerá lo que vivas y transmitas fuera.
Señor, sabes que en mi camino hay y habrá muchas tormentas,
y también sabes que yo no puedo salvarlas si no voy cogido de la mano contigo.
Por eso te pido, Señor, que me salves.
¿Nos resulta más fácil ver los defectos de los demás que los nuestros? ¿Tratamos de corregirnos? Pensemos que, si lo hacemos, aunque sea un poco, estamos haciendo un bien a todos.