No se trata de decir mucho ni de hacer
mucho. Se trata, ante todo, de reconciliarnos con quien nos ha herido. Solo así
se cumple a los ojos de Dios.
Nunca pierdas
la calma. Dios está a tu lado y la esperanza de reunirte con Él algún día en el
Cielo sostiene tu vida. Confía, nunca estás solo.
No se trata de llevar una etiqueta que
diga “amo”, sino de amar con la palabra y la vida. Porque eso se ve… y se nota.