Evidentemente, lo
esencial no se halla en lo puro o impuro, ni en reglas externas, sino en cómo
nuestras acciones afectan a los demás y a nosotros. Nuestro corazón refleja lo
que verdaderamente somos y sus consecuencias comunitarias y sociales.
Señor, Tú sabes que yo quiero seguirte y pongo mi voluntad en ello, pero
soy débil y necesito de tus fuerzas y enseñanzas. Dame la fortaleza para ser
paciente y para perseverar en mi vida de fe.
Y es de lo que sale de él, lo que nos desnuda como persona: nuestras intenciones, pensamientos y actos, los nobles y los reprochables, definen nuestra relación con Dios y con los demás. Y nos interpelan si realmente hacemos su Voluntad.