martes, 30 de junio de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Si mantenemos nuestra mirada fija en Jesús, aunque las tempestades no desaparezcan, aprenderemos a vivirlas de otra manera. Por eso es decisivo dónde ponemos nuestra mirada y nuestro corazón.

Abre mis ojos, Señor, para descubrirte en todo lo que me rodea, porque estás tan cerca, pero mi mirada no te encuentra. Enséñame, Señor, a saber mirar.

Navegar llevando a Jesús a nuestro lado nos fortalece ante las inclemencias del tiempo y nos llena de paz para no desfallecer, manteniendo siempre la esperanza de que Él permanece entre nosotros.

lunes, 29 de junio de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Somos conscientes de que la vida no es solo un bien que conservar, sino el camino que Dios nos regala para alcanzar la felicidad eterna?

Señor, líbrame de ser codicioso y ambicionar ser el primero en todo. Convierte mi corazón codicioso en un corazón manso, humilde y generoso.

Cristo quiso dejarnos la Iglesia para seguir guiándonos por el Camino, la Verdad y la Vida. Pedro y Pablo son testigos privilegiados de esa misión que continúa hoy entre nosotros.  

domingo, 28 de junio de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Somos conscientes de que hemos venido a este mundo con las manos vacías? ¿Y qué, desde la vida —regalo de Dios— todo lo que tenemos nos ha venido dado por otros?

Espíritu Santo, haz morada en mi corazón y fortaléceme para superar los malos pensamientos, tentaciones y acepte humildemente los acontecimientos que la vida me depare.

¿Crees que todo lo que eres y tienes lo has merecido? Si descubres que no, ¿cómo podrías negarte a compartir, en la medida de tus posibilidades, con quien realmente lo necesita?

sábado, 27 de junio de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Está nuestra fe a ese nivel, como la de aquel centurión, que confía plenamente en el Señor hasta el punto de no necesitar su presencia física para creer en su acción? 

Despierta en mí, Espíritu Santo, el gozo de experimentar la presencia y fortaleza de mi Señor Jesús, Resucitado.

Y si no es así, ¿se la pedimos con insistencia, confiados de que el Señor nos escucha y nos la concederá? Perseveremos en la oración y no nos cansemos de pedir el don de una fe cada vez más firme y confiada.

viernes, 26 de junio de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Es digna de admiración la valentía con la que el leproso se acerca a Jesús, a pesar de la regla que se lo impedía, para suplicarle: «Si quieres, puedes limpiarme». ¿Estamos nosotros en esa misma actitud?

Eso quiero, Señor, y eso te pido humildemente. Confío y creo que, si quieres, puedes convertir mi corazón impuro en un corazón limpio, suave y bueno.

¿Creemos de verdad que Jesús puede sanar nuestras heridas y nuestras enfermedades? Y si lo creemos, ¿se lo pedimos con la misma confianza con que lo hizo aquel leproso?

jueves, 25 de junio de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

El sello que hace verdadera nuestra palabra es lo que manifestamos con nuestra vida. Si esta no va en sintonía con lo que predicamos, nuestras palabras difícilmente llegarán al corazón de quienes las escuchan.

Señor, gracias por tu confianza y por, a pesar de mis miserias, elegirme para proclamar tu venida y presencia entre nosotros. En tus manos me pongo.

No se trata de decir muchas cosas, sino de vivir aquello que decimos. Cuando las palabras y las obras caminan juntas, nace la credibilidad y el mensaje encuentra su camino hasta el corazón.

miércoles, 24 de junio de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Como Zacarías e Isabel, ¿estamos nosotros abiertos a dar a conocer al Señor de nuestra vida con nuestras obras y palabras?

Solo Tú, mi Señor, das sentido a mi vida y la llenas de esperanza. Solo Tú, mi Señor, amaneces todos los días a mi lado y caminas conmigo.

Señor, haz que yo también sea capaz de pensar que, como Juan, también Tú me has puesto mi nombre. Porque yo, Señor, estoy en tu pensamiento.

¿Y, a pesar de nuestras cruces, que muchas veces no comprendemos, somos fieles a su palabra y a su Voluntad? ¿Lo perciben quienes conviven con nosotros?