¿Creemos que el camino de nuestra
propia cruz puede ser también el camino que nos lleva a encontrar la verdadera
vida, a la felicidad plena y eterna?
La cuestión es, como el profeta
Jeremías, dejarnos seducir por Dios y, por amor, vivir de un modo diferente las
cruces que inevitablemente trae la vida.
Señor, cada día es una posibilidad de
mostrar mi amor. Dame la paciencia, sabiduría y fortaleza de poder hacerlo
reflejándote en todos mis actos.
No desde la resignación, el miedo o la
desesperanza, sino al estilo de Jesús, poniendo el amor por encima de
nosotros mismos y descubriendo que, cuando entregamos la vida por amor, es
cuando verdaderamente la encontramos.