Vivir en permanente
conflicto nos quita la paz. Sin perdón no hay esperanza ni sosiego. La vida se
desorienta y pierde su sentido, y el corazón no descansa hasta aprender a ser
misericordioso.
Hay muchos momentos en
que me desvío o, al menos, dudo, y no sé si estoy actuando como Tú quieres o
como yo quiero. Dame, Señor, la serenidad, la firmeza y confianza de dejarme
sanar por tu Amor misericordioso y seguir tus pasos.