No
se trata de reglas ni de normas. Se trata de luchar diariamente contra todo
aquello que nos arrastra a alejarnos del Señor. Es precisamente de eso de lo
que tenemos que ayunar
Gracias, Señor, porque cada instante de mi vida es una
oportunidad para, abandonado en Ti, esforzarme en vivir en tu Voluntad.
Recuerda lo que nos pide el Señor: Misericordia quiero, no sacrificio (Mt 9,13). Amar misericordiosamente es el verdadero camino. Para ello, ayunemos de todo lo que nos impide vivir ese amor.