Desde luego, es extraordinario un Dios que, a pesar de
nuestros fallos e incoherencias, sigue apostando por nosotros y creyendo en
nuestras posibilidades.
Cuando las dificultades me agobien y sienta necesidad
de consuelo, me sostengo en Ti, Madre mía, porque sé que Tú estás a mi lado y
me señalas siempre el Camino, la Verdad y la Vida, donde mi vida se conforta y
recobra su sentido.
Y Él sabe que somos capaces de reconciliarnos, de restaurar heridas, de abatir barreras y tender puentes; capaces de respeto, de paz, de diálogo, de compromiso, de sinceridad y de palabras claras.