Este mundo es
la prueba que debemos superar. En su recorrido nos toca demostrar, no solo con
palabras, sino también con nuestra vida, que amar como el Señor nos ama es
nuestra tarea.
Señor, me
entrego plenamente a Ti, y me pongo en tus manos. Sé de mi torpeza y miserias,
y solo en Ti podré ser lo que Tú has pensado de mí. Gracias, Señor.
El amor supone
momentos buenos y malos. Amar comporta en muchos momentos sufrir, pero solo
detrás de ese amor se encuentra la felicidad que buscamos.