miércoles, 15 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Jesús no viene a condenarnos, sino a salvarnos. Ha dejado esa opción en nuestras manos. Viene a anunciarnos que su Padre Dios nos ha invitado a compartir su Gloria.

Eso te pido, Señor, un cambio profundo en mi vida desde lo más hondo de mi corazón —endurecido— hasta el último pelo de mi cabeza. Que todo mi ser respire de tu Amor y Misericordia.

Nos ha dado libertad para elegir, y nos acompaña —desde nuestro bautismo— con el auxilio del Espíritu Santo para que sepamos encontrar el verdadero camino.

martes, 14 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No puedes cambiar sin una conversión interior nacida del encuentro con el crucificado, donde descubres una vida nueva que trasciende a la eternidad.

Espíritu Santo, me pongo en tus manos y te suplico que abras mis oídos para escuchar lo que Tú me digas a través de ellos.

Porque su mirada te llena de esperanza: vive, ha resucitado y permanece en cada instante de tu vida. Y de ahí nace una vida nueva, fruto de su Amor Misericordioso.

lunes, 13 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

La razón nos ayuda a comprender muchas cosas, pero el Misterio de Dios siempre la supera. Y, de llegar a entenderlo, ¿sería un Dios todopoderoso?

Señor, entra en nosotros y transforma nuestros corazones. Llénanos de paz, de humildad, de misericordia y compasión para que podamos vivir en tu Palabra y Voluntad. Amén.

Si solo Dios puede hacer los signos que vemos, ¿cómo pretendemos abarcar su misterio? La única puerta que se nos abre es creer en su Palabra.

domingo, 12 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No somos merecedores de ningún premio, y menos aún de la vida eterna en plenitud. Sin embargo, por el Amor Misericordioso de nuestro Padre Dios, somos perdonados y agraciados con ese regalo eterno.

No cabe duda de que quienes buscan, piden y llaman terminarán por encontrar. Y cierto es que los padres dan lo mejor a sus hijos para su bien. ¡Cuánto más y mejor no nos dará nuestro Padre Dios, que nos ha creado por Amor!

Jesús, el Señor, sigue apostando por nosotros, a pesar de nuestros pecados, y permanece a nuestro lado incluso en los momentos más duros. Nos ofrece su Misericordia, especialmente cuando caemos y caminamos perdidos.

sábado, 11 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Es verdad que la fe nos sobrepasa. Es un don de Dios, no fruto del esfuerzo humano. Pero, como seres libres, podemos optar por acogerla y fiarnos de su Palabra.

Tu búsqueda, Señor, y que todos mis actos sean impulsados por tu Amor y Misericordia es lo que ocupa el centro de mi vida. Dame, Señor, la sabiduría, paz y fortaleza de vivirlo y perseverar.

Así como confiamos en la palabra de quienes nos aman, también podemos confiar en la Palabra de Dios: una Palabra que nos habla de amor, de justicia y de paz.

viernes, 10 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No se trata de quedarnos con los brazos cruzados, ni de esperar sin más a que Él venga. Se trata, como María Magdalena, de salir en su búsqueda, de dar el paso y…

Ese es mi objetivo, vivir de acuerdo a tu Voluntad, Señor. Pero sé que mis debilidades me impiden hacer lo que a mí me gustaría. Por eso, Señor, acudo a Ti para que me ayudes a vivir y cumplir tu Voluntad.

Se trata de vivir atentos, en escucha y obediencia, como los discípulos, para echar las redes donde Él nos indique. Entonces, los frutos hablarán por sí solos y nos irán revelando su presencia.

jueves, 9 de abril de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

De la misma manera, esto es lo que les sucede a los discípulos, que pasan de la cerrazón y el miedo a ser testigos. Nos sucederá también a nosotros si abrimos nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo.

Gracias, Señor, por estar siempre a nuestro lado y padecer con nosotros nuestras penas y sufrimientos. Nos animas, nos das esperanza y nos das tu mano para levantarnos y seguir el camino.

Y eso lo viviremos con la alegría de sabernos asistidos por el Espíritu de Dios que nos acompaña en cada momento de nuestra vida. Es decir, llamados a ser verdaderos cómplices del Espíritu Santo.