Señor, no siempre miro a los demás como
Tú los miras. Cambia mi mirada y mi corazón para recibir y dar desde la
cercanía, a tu manera.
Gracias, Dios mío, porque siempre
percibo tu presencia a mi lado y, en los momentos difíciles, me asistes y
levantas.
Hay momentos en que dudo de mí mismo y me cuesta aceptar lo bueno que los demás ven en mí. Pero Tú, Señor, afirmas mi valor. No quiero contradecirte; ayúdame a fiarme más de Ti.