El
Señor nos invita a perder la vida por Él para ganar la Vida que realmente
anhelamos: la felicidad eterna. ¿Aceptamos el reto?
Señor, danos la sabiduría de mirar
siempre el lado bueno de las cosas y abiertos a la acción del Espíritu Santo,
que por y con su Gracia, quedamos transfigurados a tu imagen.
Decidir seguirle exige caminar detrás de Él y escucharlo atentamente en su Palabra. Con su gracia y nuestro esfuerzo, procuremos vivirla cada día en nuestra vida cotidiana.