Buscamos la
alegría en el tener, en el poder, en satisfacer todos nuestros deseos. Y la
experiencia no dice que ahí no se encuentra.
Ven, Espíritu
Santo, y fortalece mi espíritu para que pueda, por tu acción, hacer el bien,
cambiar el mundo que me rodea y anunciar con mi vida y palabra la Misericordia
y el Amor de Dios.
Sin embargo,
cuando somos capaces de darnos y compartir desde lo que tenemos, algo salta en
nuestro interior, nace el gozo, brota la alegría. Sí, verdaderamente la
felicidad se esconde en el compartir.