Con
esperanzas minúsculas y rodeados de miedos, llegamos a encerrarnos en nosotros
mismos hasta paralizar nuestros deseos de crecer y mejorar, sobrecogidos por la
incertidumbre del mañana.
Señor, que cada instante de mi vida sea vivir en tu gozo y
anunciar con mi vida que la vida solo es verdadera vida si Tú estás en el
centro de nuestro corazón.
Cuando ponemos nuestra esperanza únicamente en las realidades de este mundo, terminamos cayendo en una espiral de tristeza y desolación que nos conduce al vacío. Solo en el Señor encontramos la esperanza que no defrauda, la fuerza para caminar y el sentido profundo de nuestra vida.