¿Cómo lo vemos nosotros? ¿Nos parece injusto? ¿Nos
suscita envidia que Dios sea bueno?
Señor, yo, aunque sé mis limitaciones, quiero dar
frutos según tu Palabra y no mis apetencias. Toma mi corazón y haz con él tu
Voluntad. Amén.
Tal vez ahí está precisamente la dificultad del
Evangelio: aceptar que Dios no ama según nuestros méritos, ni reparte su
misericordia según nuestros cálculos.