Y lo somos porque es Él quien nos lo
ha dicho.
Has sido creado por amor y para amar, y cuando tu vida
busca amar, estás cumpliendo la Voluntad de Dios.
«Yo soy el Buen Pastor… conozco a las mías, y las mías me conocen» (Evangelio de Juan 10,14).
Necesitas conocerte para crecer
Y lo somos porque es Él quien nos lo
ha dicho.
Has sido creado por amor y para amar, y cuando tu vida
busca amar, estás cumpliendo la Voluntad de Dios.
«Yo soy el Buen Pastor… conozco a las mías, y las mías me conocen» (Evangelio de Juan 10,14).
Necesitamos discernir. En un mundo lleno de voces y
mensajes, solo la voz del Buen Pastor nos conduce a pastos de verdad y vida
abundante.
Gracias, Señor, por llamarme hijo, y por demostrarme lo
mucho que me quieres al perdonar todos mis pecados. Eres mi Padre bueno y
misericordioso.
Y en esa línea, preguntémonos con sinceridad: ¿estamos abiertos a vivir nuestra misión, comenzando por nuestra propia familia?
Algo que no podemos olvidar es que no caminamos solos. El
Espíritu Santo nos acompaña, y los signos de Vida nos confirman que lo que
Jesús dijo no solo fue verdad… sino que sigue siendo y será siempre.
Señor, me pongo en tu presencia y quiero aprender a
escucharte. Muchas veces soy yo quien habla y no te dejo hablar.
Hazme consciente de que estás conmigo, alimenta mi vida con tu Palabra y dame sabiduría para anunciarla y compartirla con quienes me rodean.
Las implicaciones nos asustan. Señor, ayúdanos a
alinear nuestros deseos y aspiraciones con los tuyos y a entregarnos sin temor.
Ven, Espíritu Santo, y sácame de este
ostracismo espiritual donde me acomodo y me escondo evadiéndome de mis
compromisos y responsabilidades.
Y, reflejando tu amor, sumergirnos en tu vida, para que, a través de nosotros, tu presencia transforme el mundo.
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo —nos dice el Señor—;
el que coma de este pan vivirá para siempre».
Señor, sé que estás a mi lado, pero me gustaría
sentirlo y experimentarlo hasta el extremo de tomar conciencia de tu presencia
en todo momento, y de compartir mi vida contigo siguiendo tu Voluntad.
«Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». La invitación está hecha… Ahora nos toca a nosotros acogerla y responder.
Señor,
¿a dónde voy si Tú no me acompañas? Solo contigo puedo encontrar el verdadero
camino de felicidad eterna. Porque Tú, Señor, eres el Camino, la Verdad y la
Vida.
Sucede que vivimos
atrapados en nuestras propias paradojas: pedimos signos, pero cuando nos sacan
de nuestras ideas, activamos nuestros mecanismos de defensa.
Con mucha frecuencia creemos que nuestras ideas son buenos caminos y no
se nos ocurre ponerlos primero en las manos de Dios. Solo Dios sabe qué camino
nos conviene.
Y no nos quedamos ahí: nos justificamos, argumentamos y terminamos una vez más, autoengañándonos, aferrados a lo perecedero.