Quizá no lo advertimos, pero también
nosotros podemos estar paralizados, incapaces de abrirnos a la verdad que otros
nos comparten.
No me cansaré, Señor, de decírtelo.
Todo lo que soy y tengo es tuyo y a Tí te lo quiero devolver. Pero me gustaría,
ya que me has dado la libertad, poner algo de mi cosecha. Y, hasta para eso,
necesito tu ayuda.
Tal vez no nos demos cuenta, pero el
egoísmo y la superficialidad pueden mantenernos paralizados, impidiéndonos
abrirnos a la verdad, a la justicia y al amor.