También cada
uno de nosotros está invitado a esa fiesta de la salvación. ¿Estoy viviendo
como alguien que ha aceptado la invitación?
Señor, dame la sabiduría para
saber conformarme con lo que tengo y aceptar la medida de mi capacidad. A
liberarme de la envidia del corazón calculador y a ser agradecido incluso
cuando otros reciben tu misericordia.
El mundo en el que vivimos se encarga
de seducirnos y de hacernos olvidar esa invitación. Pero la pregunta es: ¿estoy
abierto a dejar que Dios transforme mi corazón?