Posiblemente, hayamos tenido
muchos encuentros con el Señor a través de algunos amigos u otras causas, pero,
quizás, no lo hayamos advertido o no hemos puesto nada de nuestra parte por
conocerlo.
Gracias, Señor, por tu presencia
cada día en mi vida. En ella me sostengo a pesar de mis debilidades y pecados.
Y a tu lado, Señor, me siento capaz de vencerme. Ayúdame a no desfallecer, Dios
mío.
La vida nos da nuestras
posibilidades para conocer al Señor, pero también nos exige estar atentos y
expectantes para darnos cuenta y responder. No perdamos el tiempo porque pasa y
no espera.