Hoy, cuando la vanagloria se hace presente en nuestro
entorno en forma de «asientos de honor» y «reverencias», necesitamos revisar
nuestras actitudes y aprender a situarnos humildemente al lado de los demás,
sin buscar privilegios ni reconocimientos.
Señor, dame la
voluntad y sabiduría de no solo cuidar mi fachada, sino con mayor intensidad y
amor mi corazón, de donde nacen precisamente todos mis pecados.
El amor compartido crea solidaridad y nos une como
hermanos. Todos somos destinatarios del amor de Dios y todos estamos llamados a
hacerlo presente en nuestro mundo, con nuestros gestos, nuestras palabras y
nuestra manera de vivir.






