La primera actitud del discípulo no es el esfuerzo,
sino la escucha. Nos preguntamos: ¿Estamos nosotros atentos a la Palabra del
Señor antes de ponernos en acción?
Señor, tú sabes todo de mí. Dame la
fortaleza y sabiduría de mostrarme tal como soy y no esconder mis faltas y
pecados. Ponerlos en tus manos para que Tú, Señor, me limpies de ellos.
No tenemos que ganarnos el amor de Dios; podemos vivir desde el amor que ya hemos recibido por ser sus hijos. ¿Somos conscientes de ello?






