Mantener el deseo de
darnos, aunque tengamos poco, sostiene nuestra esperanza y fortalece la fe. El
Señor puede hacer mucho con lo poco que nosotros aportemos.
Entra en mi vida,
Espíritu Santo, y acalla todas mis apetencias vanas y egoístas para que solo
quede en mí lo bueno, lo que une, lo que da paz y lo que refleja tu Amor y
Misericordia. Amén.
Sería bueno preguntarnos todos los días: ¿Qué le llevo hoy a Jesús? ¿Qué levadura está creciendo hoy en mi corazón: la que me acerca a Dios o la que me distrae de Él?