En este camino hacia la
Pascua, ayúdanos, Jesús, a dejar de lado las apariencias y a entablar
relaciones genuinas y horizontales que nos permitan escuchar realmente al otro,
como Tú.
Es la lucha de cada día,
Señor. Mis flaquezas y debilidades me inclinan a no ser respetuoso, a la
confrontación y al atropello con el prójimo. Y, Tú lo sabes, Señor, yo no
quiero ser así, sino vivir en tu amor y respeto al prójimo. Ayúdame, Señor, a
ser como Tú.
El Señor se acerca a nosotros cuando nos domina el dolor, para restaurar nuestra dignidad y mostrarnos que nuestros errores y fracasos no nos definen. Necesitamos aprender a vernos como Él nos ve.