¿Somos conscientes de que hemos recibido una herencia de la que debemos
responder con nuestros frutos?
Y, si lo somos, ¿nos tomamos en serio esa responsabilidad?
Y, si lo somos, ¿nos tomamos en serio esa responsabilidad?
Señor, dame una mirada
de eternidad, porque lo bueno solo tiene valor cuando es eterno. De nada me
vale una felicidad de instantes si no es eterna. Y eso busco, Señor, en Ti,
porque solo Tú eres eterno.
¿Conocemos las
cualidades que se nos han confiado —como en régimen de alquiler— para ponerlas
a producir y ofrecer los mejores frutos?
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