La fe es fiarte, confiar
en la Palabra que Jesús te dice. Lo mismo que has hecho con tus padres. Ese es
el paso que tienes que dar; luego, por su Gracia, la fe irá germinando en tu
corazón.
Cada día cometo muchos
errores y torpezas. Espíritu Santo, educa mis ojos para mirar con bondad; educa
mis oídos, para que escuchen con amor y misericordia, y mi lengua para que dé
el consejo conveniente.
Puedes pensar que no tienes fe, pero en cada instante de tu vida estás
fiándote. Te fías de tus padres, de un buen amigo, del taxista, del piloto, del
camarero, del cocinero…
¿Y de Jesús? Solo Él te ofrece lo que realmente buscas: vida eterna en
plenitud.
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