
Aquella mujer sabe que Jesús – el Señor – es muy poderoso. La fama de sus milagros así lo decía y, por tanto, con solo quererlo su hija sería sanada. Sin embargo, conocía su condición de pagana – extranjera – y entiende la primera reacción que Jesús le hace.
Pero, no se desanima comprobado su primer rechazo. Posiblemente lo espera y sigue adelante. Descubre, con su insistencia, la confianza y la fe que lleva dentro en lo más profundo de su corazón, y, llena de humildad, persiste y confía. Sabe y espera que Jesús se apiade de ella.
Y así sucede. Jesús se admira por su insistencia y fe y le concede lo que le pide, la expulsión del espíritu inmundo que atormenta de su hija. Y así sucede también para muchos enfermos que acuden a Lourdes, Fátima y también Medjugorje, donde se producen curaciones prescriptas por certificados médicos. Los hechos hablan por sí solos.
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