No se trata de proclamar
la verdad que uno piensa, sino de anunciar la Verdad con mayúscula, la que solo
puede sembrarse desde la oración, para que sea el Señor quien acompañe la
siembra.
Señor, necesitamos más
fe; auméntanosla cada día un poco más hasta llegar a entregarnos plenamente a
tu Amor y hacer tu Voluntad. Creemos, Señor, pero necesitamos tener una fe como
la del centurión y, sobre todo, la de tu Madre, también nuestra Madre.
Muchos, seducidos por el
pecado, rechazan la Verdad y se dejan arrastrar por la mentira, que aparenta
dar felicidad, pero termina conduciendo al vacío y a la desesperanza.
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