jueves, 3 de abril de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Qué Dios me he creado yo, el que me ha anunciado Jesús, u otro que yo he querido crearme? ¿Es mi Dios el revelado en la Escritura, y al que preparó el camino Juan el Bautista, o es un Dios que yo me acomodo a mis propios intereses?

Llevas todas mis indiferencia; mis burlas; mis miradas para otro lado; mis rechazos; mis olvidos; mis omisiones; mis risas; mis incomprensiones; mi soberbia; mis egoísmos; mis odios ... etc., sobre tus hombros. Te cansas, caes, pero, te levantas y sigues adelante. Y todo con y por amor y misericordia para mi salvación. ¡Jesús, mi Señor, ten piedad de mí!

¿Y dónde le busco, en el poder y la fuerza, o en los pequeños, marginados, excluidos y pecadores? Quizás esas sean las preguntas que debemos hacernos cada día. Nuestro Dios, mi Dios, es un Dios de amor y misericordia, y eso, porque sus hijos son pobres, pequeños, necesitados y pecadores. ¡Alabado sea mi Señor!

miércoles, 2 de abril de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

El Hijo ha venido a hacer la Voluntad del Padre. Y lo que ve hacer al Padre, lo hace el Hijo. De tal manera, que Uno y Otro, son el mismo Dios en dos Personas, y se identifican hasta estar íntimamente unidos. Ese fue el motivo por el que querían matarle.

También yo soy cómplice de tu condena, Señor. Cada vez que te he dado la espalda, que te he mirado con indiferencia, que he permanecido en silencio volviendo mi mirada para otro lado, he apoyado tu condena. Perdóname, Señor, quiero enmendarme y seguir tus pasos.

A nosotros nos puede suceder algo parecido. Creemos en Dios, pero no creemos en Jesús, el Hijo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Y la Palabra del Hijo nos es indiferente, como también los Sacramentos instituidos por Él y la continuadora de su Palabra, la Iglesia. Y, posiblemente, menos creemos en la Resurrección. Recemos los que creemos por aquellos que no creen.

martes, 1 de abril de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No es cuestión de quedarte, sino de levantarte. Evidentemente, cuesta, hasta tal punto que quizás tú solo no podrás hacerlo, pero sí con ayuda. Y para eso ha venido Jesús, para ayudarte a levantarte. Claro, si tú lo aceptas y lo quieres.

Madre, contigo el camino se hace más llevadero, más asequible y más fácil de sortearlo. Tú me enseñas a sostenerme firme, a tener capacidad de sufrimiento y a saber esperar. Pero, sobre todo, a confiar en tu Hijo y a serle fiel.

Jesús no te obliga, simplemente te propone que lo que buscas – felicidad y gozo eterno – Él te lo puede dar. Sabe realmente lo que tú deseas y, por eso, te invita a levantarte y buscarlo. Con Él puedes encontrar eso que deseas, pero tienes una tarea, quizás ingente y dura, que realizar. Necesitas creer en su Palabra y dejarte guiar por sus consejos. Su Amor y Misericordia son infinitas.

lunes, 31 de marzo de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No es cuestión de esperar sino de confiar. Se trata de saber que Dios es nuestro Padre, y nosotros sus hijos. ¿Cómo entonces nos va a abandonar? Dios, nuestro Padre, actuará para nuestro bien, eso es seguro. Ahora, quizás no a nuestra manera o gusto.

Padre, hay muchos momentos que me siento esclavo, sometido, obligado y sin deseos de estar contigo. No sé qué me sucede, porque, eso sí lo sé, en Ti está el gozo y la felicidad, pero me cuesta descubrirla. Dame, Señor, esa capacidad de experimentarla.

Siempre, nuestro Padre Dios, lo hará a su manera. Pero, siempre, eso es tan cierto como que es nuestro Padre, será lo mejor para nuestro bien. De modo, que haga lo que haga, será el bien de sus hijos. Y eso significa que nuestro Padre responderá a nuestras peticiones de hijos, y nos dará, eso sí, cuando Él lo disponga, esa felicidad que buscamos y que en Él encontraremos. Así lo pensó el hijo menor de la parábola de la misa del domingo.

domingo, 30 de marzo de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

El problema no es el pecado, sino el arrepentimiento y la confianza en la Misericordia de nuestro Padre Dios. La cuestión no es caer, porque nuestra naturaleza, herida por el pecado, es propicia a la caída. El problema es levantarse.

Silencia, Dios mío, todo ese ruido mundano que me desvía de mi camino hacia Ti. Haz que en el silencio interior de mi corazón, Tú ocupes el centro y mi vida sea reflejo de tu Palabra y Amor Misericordioso. Amén.

Porque, nos está permitido caer – para eso se nos ha regalado el Sacramento de la reconciliación – para levantarnos. Pero está prohibido permanecer en la caída. Nuestro Padre Dios nos espera con los brazos abiertos y no perdona con su Infinita Misericordia. Sabe de nuestras debilidades y caídas, y espera con una paciencia infinita y misericordiosa  nuestro arrepentimiento y dolor de corazón. Porque, sabe que lo que deseamos en lo más profundo de nuestro corazón es volver a Él.

sábado, 29 de marzo de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Precisamente, nuestros tropiezos y pecados vienen por lo poco humilde que somo y por nuestras ambiciones y apetencias. Eso nos hace pensar que somos mejores, que tenemos derechos a muchas cosas, que nos las merecemos. Sin embargo, todo es Gracia de Dios.

Señor, me quedo sin palabras ante esta oración. Tú sabes, mucho mejor que yo, lo que necesito. Eso te pido, Señor, paz para no desesperar, no perderme en deseos de vanaglorias ni en ilusiones mundanas. Simplemente, Señor, estar contigo y gozar de tu presencia, amor y misericordia.

Nuestra mirada es casi siempre exterior. Vemos la mota en el ojo ajeno y la hacemos más grande de lo que realmente es. Sin embargo, no vemos la viga que se esconde tras los nuestros. Vemos pecados en los actos de los demás, pero, no en los nuestros, a los que miramos con ojos de misericordia. Pue bien, hacemos los mismo que aquel fariseo al despreciar al publicano.

viernes, 28 de marzo de 2025

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Nuestro Padre Dios nos lo ha dejado muy claro. No vale para nada la manifestación exterior de expresar que le amamos, si luego tu prójimo te es indiferente. Esa relación exterior con tu prójimo te delata, y deja muy claro si tu expresión exterior es verdadera.

Señor, soy enteramente tuyo. De tu pensamiento ha nacido mi vida y mi ser. Existo porque Tú me sostienes y me fortaleces. Y sin Ti nada soy. En ti, mi Señor, me refugio y busco esa felicidad que por tu Infinito Amor y Misericordia me has prometido. Gracias, mi Señor.

De ahí la conclusión de que el primero motiva al segundo, y el segundo, expresa si realmente amas como te dice el primero. De modo que, aunque el primero es el principal y fundamental, el segundo va muy unido, porque sin el amor al prójimo no puedes amar a tu Padre Dios. Y es más, dices mentira si manifiesta que lo amas, y luego excluye al prójimo.