Así
andamos muchas veces, anticipando respuestas… y confundiendo la
verdad. Jesús es claro: nos lo jugamos todo en la relación personal.
Seguirte, Señor, es el proceso de toda mi vida
y necesito tu fuerza y Espíritu para poder soportar y vencer todas mis miserias
y dificultades que me saldrán al paso.
Mis ovejas, mi voz, las conozco, me siguen; desde ahí
podremos buscar… y encontrar. Al seguir a Jesús, nos encontramos con Dios. No
hay otro camino: «Yo
y el Padre somos uno».
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