Incluso en las noches más oscuras, el
Señor levanta hombres y mujeres capaces de no resignarse y de perseverar en el
bien: personas que protegen a los frágiles y abren caminos de reconciliación.
Señor, lléname de tu sabiduría
para ver dónde tengo que cambiar y que rumbo debo tomar en mi vida. Y, no
permitas que sea yo quien dirija mi vida, sino que sepa abrirme a la acción de
tu Espíritu.
«¿Y nosotros? ¿Nos quedamos simplemente asombrados ante Jesús o abrimos de verdad nuestro corazón a la acción del Espíritu, que nos fortalece y nos mueve?»
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