¿Contamos las veces que perdonamos, poniendo un límite a
nuestra misericordia, o dejamos que el perdón permanezca siempre disponible en
nuestro corazón?
Señor, sé que
de nada me valen mis palabras si mi vida no se traduce en obras de amor y
misericordia. Hazme fuerte para resistirme a mis debilidades.
¿Hay heridas
que decimos haber perdonado, pero que seguimos guardando por dentro,
cerrándonos a la posibilidad de reconciliación?
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