martes, 7 de marzo de 2017

El hombre ha oído muchas veces en su vida hablar de la experiencia. Pero no se ve, ni se sabe realmente como se va adquiriendo y cuando. Sabemos que la experiencia está relacionada con el tiempo, y el tiempo madura y consigue experiencia. Pero no sabemos medirla ni cómo y por dónde entra.

No cabe duda que la experiencia vive en el tiempo, y en ella se crece. Conocemos que las personas de edad acumulan experiencia. Sin embargo, a veces dependerá de la intensidad de cómo se ha vivido y del esfuerzo que has puesto por vivir.


Nuestro Padre, no sólo tiene toda la experiencia del mundo, sino que existe antes que el mundo. Su experiencia es ilimitada y, tanto es así, que nos ha dado la vida y nos regala la eternidad. Pero, eso nos exigirá obedecerle y seguir su manual de instrucciones. Ese que ha dejado impreso en tu corazón.

lunes, 6 de marzo de 2017

El hombre está dormido, o mejor, engañado. Se le ha regalado un mundo bien hecho, pero lo disfruta mal y lo cuida peor. Se le ha dado un manual de instrucciones, pero no hace mucho caso y conforma el mundo recibido según le parece y mirando para su propio interés y pasiones. Los resultados son catastróficos.

Y, quiera o no, su camino está señalado y, un día, deberá parar y preguntarse qué ha hecho, o cómo ha empleado su tiempo y sus talentos. Y se sorprenderá, porque el resultado tendrá mucho que ver con la forma de haber gastado su tiempo. De él dependerá que toda su vida haya valido la pena o no.

Es el momento de la verdad y la hora de descubrir si ha valido la pena caminar y enfrentarse a todo lo que el camino te ha presentado. Es la hora de descubrir si has encontrado ese tesoro por el que has gastado tu tiempo y has puesto todos tus esfuerzos. Si realmente has amado como Cristo te ama, lo has encontrado.

domingo, 5 de marzo de 2017

Nuestro desierto muchas veces se esconde y no lo parece. Hay en él espejismos que nos hacen ver que no caminamos por un desierto. Pero la verdad es que nuestra vida es un desierto. Un desierto donde aprendemos a prepararnos para vivir y solventar todos los obstáculos que se nos presenta.

Y un desierto es también el camino donde experimentamos muchas vivencias de renuncias, de sacrificios y de durezas, que nos enseñan y prepararnos para soportar con firmeza y entereza la vida que nos aguarda. A soportar y resistir las inclemencias del tiempo y de las tentaciones que amenazan destruirnos.

Pero, para todo ello, necesitamos la compañía del Espíritu Santo, que también acompañó a nuestro Señor Jesús, para que nos fortalezca, nos asista y nos de la sabiduría y la voluntad para saber discernir y rechazar todo aquello que nos aleja del único y verdadero Camino, Verdad y Vida.

sábado, 4 de marzo de 2017

Posiblemente, muchos son llamados y escogidos y no responden o, quizás, ni se enteran. Otros no llegan a descubrir las cualidades de las que han sido dotados para ponerlas en función del bien común. Y es que muchos pasan por la vida de forma indiferente y superficialmente.

Responder significa conocerse y haber reflexionado sobre lo que buscas y deseas. Porque una respuesta necesita un tiempo de maduración. Ese tiempo es llamado tiempo de conversión. Tiempo donde las ideas y la fe van tomando cuerpo y creciendo. Donde la razón va dejando paso a la fe.

Hecha la elección se está decidido a seguir. A seguir con todas las consecuencias, porque antes se ha visto que ese es el Camino, la Verdad y la Vida. Y se sigue a pesar de las dificultades y obstáculos. La fe te descubres que no vas solo y que el Espíritu de Dios guía tus pasos.

viernes, 3 de marzo de 2017



La fiesta es algo consustancial a la persona humana. Todo esfuerzo, todo logro, todo trabajo culmina con una celebración. Los acontecimientos de nuestra vida, nacimiento, cumpleaños, bodas, éxitos y hasta la muerte, tienes sus correspondientes celebraciones.

Por lo tanto, no podemos ponernos tristes cuando la ocasión requiere estar alegres. Ni tampoco ayunar cuando estamos invitados a comer y festejarlo. Es la enseñanza que hoy Jesús nos propone en el Evangelio. Cada tiempo demanda su momento y su estado. 

Llegarán circunstancias que se hace necesario el ayuno, la abstinencia, el sacrificio y la mortificación. Llegarán días de renuncias, de trabajo y sacrificios que nos exigirán darnos y entregarnos solidariamente por compartir los problemas con otros y aliviarnos en la medida que podamos.

jueves, 2 de marzo de 2017

Pero, nuestra experiencia es que la vida se va. Tiene fecha de caducidad y no parece que haya remedio. Vivir con la esperanza de que la vida tenga su etiqueta de caducidad es vivir sin esperanza. Y eso amarga y desespera al hombre. Su alegría y gozo dura poco, pues cuando aparece la tragedia todo está perdido. No es fácil vivir así.

Sin embargo, para el creyente, la vida tiene otro significado. Independientemente de que sea dura y tenga horas de sacrificios y luchas, se camina con esperanza, Con la esperanza de que la muerte no tiene la última palabra. La Pascua de nuestro Señor acaba con la victoria de la Vida sobre la muerte. Jesús, el Señor, ha Resucitado.

Y eso es lo que importa. El creyente vive en la esperanza de la resurrección. El camino, a pesar de sufrimientos, negaciones y renuncias, es camino de esperanza y salvación. En nuestra pascua también será vencida la muerte, y resucitaremos a la Vida Eterna en el Señor Jesús.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Muchas veces se hacen muchas cosas con afán de ser recompensado, de buscar privilegios u otros intereses. Muchas veces hacemos las cosas para ser visto, y delante de los demás, actuando de otra forma cuando estamos solos. Buscamos enaltecer nuestra fama y se alabado.

Esa forma de actuar esconde cierta falsedad, porque no se está actuando con el corazón, ni tampoco de forma sincera y verdadera. Si no hay nada que ganar dejamos de ayudar. Parece hasta que pega y suena a refrán. El amor se da gratuitamente y sin buscar ninguna recompensa.

Porque, la recompensa, la da nuestro Padre del Cielo, que nos ve y le agrada que actuemos en lo escondido, no buscando gloria ni aplausos, sino servir desinteresadamente por verdadero amor. Tal cual lo recibimos de nuestro Padre. El sabe premiar nuestro esfuerzo y nuestro deseo de amar.