La Cuaresma es un tiempo de verdad para quitarnos las máscaras con las que aparentamos ser perfectos ante el mundo.
Sí, Señor, enséñame a ver en el dolor y sufrimiento una oportunidad para crecer como persona, ser más humilde y misericordioso y asemejarme más a Ti.
Es tiempo de luchar, como nos enseñó el Evangelio, contra la falsedad y la hipocresía.
No las de los demás, sino las nuestras: mirarlas de frente y combatirlas.
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