La excesiva confianza en
nosotros mismos suele traicionarnos. Y sucede así porque todos, por muchas
virtudes que tengamos, somos débiles y pecadores necesitados de perdón.
Señor, sabes que quiero
cambiar y parecerme a Ti. Pero también sabes de mis debilidades, de mi soberbia
y tozudez. Hoy, Señor, vengo a pedirte que transformes mi corazón y me des la
fortaleza para vivir en tu Voluntad. Amén.
Solo cuando reconocemos nuestra condición de pecadores comenzamos a caminar hacia el encuentro con Jesús, el Señor. Porque Él ha venido a eso, a liberarnos del pecado.
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