Solo cuando nuestras esperanzas en los medios humanos
se debilitan, volvemos la mirada hacia ese Dios del que hemos oído hablar y al
que pedimos que nos salve.
Señor, sin Ti no puedo orientarme, y menos encontrar
el camino que me lleva a Ti. Señor, tu Palabra es la Luz que me da vida y me
sostiene. Alumbra mis pasos y guíame.
Y Dios, que nos ama con infinita misericordia, nos
abre los brazos y nos muestra que solo en Él encontramos la verdadera felicidad
y la salvación eterna que tanto anhela nuestro corazón.
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