Quien se sabe sellado por el Espíritu y cuidado por el
Padre puede vivir con el corazón abierto, sin máscaras ni apariencias, sin
miedo a mostrar su fragilidad.
¡Dios mío!, nos
ponemos en tus manos para que hagas de nosotros unos buenos hijos. Te pedimos
que nos des la capacidad de responder a tu amor como Tú haces con nosotros.
¿Eres consciente de que toda tu vida está sostenida
por el amor fiel de Dios? ¿Has descubierto que, cuando te sabes amado
gratuitamente por Él, eres más libre para vivir en la verdad y amar a los demás
con sinceridad y generosidad?

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