Sin lugar a duda, el
nacimiento de Jesús ha cambiado el signo del mundo. El hombre ha experimentado
que la esperanza que arde en su corazón puede ser realidad. Y aspira a vivir en
paz, en verdad y justicia. Es eso lo que todos los hombres y mujeres del mundo
desean.
Y, a pesar de que se consumen
los siglos y los avances no se corresponden con el deseo de paz y justicia, el
hombre continúa esperanzado en alcanzarlos. Pero, la esperanza no la pone en el
mundo sino en Alguien que ha venido al mundo para traer la paz.
Ese alguien es lo que advirtió María Magdalena aquel
domingo llamado ahora de Resurrección. Observó que el sepulcro estaba vacío y
su Maestro, el Señor, no estaba allí. Y corrió llena de esperanza y alegría a
compartirlo con Pedro y Juan. También, después de XXI siglos queremos nosotros compartirlo .
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