Se
me ocurre pensar que nuestra alcuza – corazón – debe estar lleno de esa Gracia
– aceite – que alimenta el amor que nos lleva a ese encuentro gozoso con el
Señor. Estar así preparados es lo que conviene para cuando el Novio abra la
puerta y nos llame.
Quiero,
Señor, seguir tu Camino. Ese Camino de amor misericordioso que ofreces a todos
y que soportas con paciencia, humildad y servicio, incluso a aquellos que no te
escuchan, que te rechazan y son indiferente al anuncio de tu Buena Noticia.
Amén.
Mientras haya esperanza hay vida, dice el refranero coloquial. La esperanza es el motor que nos sostiene, pero ¿en dónde se apoya la esperanza? Precisamente en esa fe que se mantiene encendida – lámpara – con ese aceite – Gracia de Dios – que la aviva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.