El problema es la
autosuficiencia y la arrogancia de querer ser más que Dios y no reconocerse
criatura frágil y débil necesitado de ayuda para vencerse a sí mismo. El problema
es no creer en la Bondad y Misericordia de Dios.
Necesito, Espíritu
Santo, tu presencia en mi corazón. Necesito tu Fortaleza y tu Luz para alumbrar
mi vida, serenar mis ambiciones, templar mis deseos e equilibrar mis pasiones.
Dame esa serenidad y paz que necesito para saber que solo contigo podré encontrar
el Camino, la Verdad y la Vida. Amén.
Y su fidelidad, a
pesar de no merecérnosla. Dios siempre confiará en nosotros y mantendrá sus
brazos siempre abiertos al abrazo y perdón. Seremos nosotros, ensoberbecidos,
los que le rechazaremos, le negaremos y no confiaremos en Él. A pesar de ello,
Dios estará siempre esperando tu conversión, tu respuesta a su Amor
Misericordioso.
Todo se reduce a
amar. Y todo caduca ante la prioridad de la caridad. Porque, la fe y la
esperanza tienen su tiempo y les llegará su caducidad, pero el amor siempre
perdura y es eterno. Por eso no se entiende que alguien pueda considerar que ya
no ama. El amor es un compromiso que nunca muere. Así realmente nos ama Jesús.
La caridad es lo primero y lo que se antepone a todo. Primero, caridad, luego cumplimiento. Porque, si amamos cumplimos. Es el mandato principal y en el que está contenido toda la sustancia y la esencia de las bienaventuranzas. Si amas como te ama el Padre y el Hijo, caminas injertado en su Espíritu y, en consecuencia, estarás haciendo la Voluntad del Padre de la misma manera que la hizo el Hijo.
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