No es tanto lo que
se deja de cumplir, sino sus consecuencias. De tal forma que, siendo algo
aparentemente insignificante, su incumplimiento puede acarrear graves consecuencias.
El ejemplo de incumplir algo con apariencia de poco valor, puede ser la clave
de la perdición del otro.
Necesito tu
auxilio y asistencia, Espíritu Santo. Sin Ti mi camino se desviará de su
vocación original. Porque, he sido creado para hacer la Voluntad de Dios, y en
Él ser feliz eternamente. Y, sin tu concurso estoy perdido y quedo en manos del
mundo, demonio y carne. Ven y llena mi vida. Amén.
Desde la experiencia del amor a ti mismo, descubres que para el otro debes exigir lo mismo, aunque sean cosas pequeñas, o detalles insignificantes. Amar exige dar un amor como te das a ti mismo. Y con la misma misericordia con la que te perdonas tú mismo. Y en ese contexto, ningún detalle a ley es cosa pequeña o insignificante.
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