No es cuestión de
un simplemente SÍ, sino de saber qué consecuencias se derivan de ese SÍ. De la
misma forma, responder a la llamada de Dios trae consigo consecuencias a las
que hay, como hizo la Virgen, que dar una respuesta libre y consecuente con la
Voluntad de Dios.
Sé, Señor, que mi
cruz está presente en mi vida, pues, sólo a través de ella puedo llegar a Ti y
alcanzar tu Misericordia. Pero, te pido, Señor, que me des la fortaleza
necesaria para soportarla; para saber que Tú estás presente en mi vida y,
aunque el dolor me consuma, que sepa que contigo venceré, pues de Ti no puede
venir nada malo.
María sabía
conscientemente a que se disponía, pero en su corazón no había otra intención
que la de poner a Dios en primer plano, y abrirse a su Voluntad. Sus Siete
Dolores, que rezamos martes y jueves en nuestra humilde página, nos descubren
que también nosotros, en nuestra respuesta afirmativa a su llamada, estamos
dispuestos a soportar y acoger nuestros propios dolores.
La
felicidad no se encuentra en este mundo. Y no se encuentra, posiblemente ya lo
sepas, porque no está. Sin embargo, todos la buscamos, y no podemos resignarnos
a no buscarla. Eso es una clara señal de que hemos sido creados para ser
felices. Y, seguro, debe existir y estar en alguna parte. Tanto a ti, como a
mí, si queremos ser felices, nos toca buscarla.
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