No
se trata de actos aislados. Ni tampoco de ser un día bueno y otro malo. O de
hacer, de vez en cuando, alguna cosa buena. Se trata del esfuerzo de cada día
de vivir en Gracia de Dios, y, eso, significa estar en actitud de amar en lo
bueno y en lo malo.
Se
hace necesario y fundamental aprender a escuchar y, luego, tras escuchar con
atención, discernir lo bueno de lo malo. Porque, la clave de nuestra vida es
saber donde está la verdad – lo bueno – y desechar la mentira – lo malo – que
es lo que mata y lleva al pecado.
Lo
único importante de esta vida es tener siempre la actitud de amar. Y es así
porque todos hemos sido creados en el Amor. Somos amor y, de no amar, no
seremos felices. Es eso realmente lo que todos buscamos, la felicidad eterna. Y
eso se consigue en el amor.
Al final todo se paga. No creas que todos tus malos actos pasaran inadvertidos. Pagarás, como se suele decir, hasta el último céntimo. Por eso, conviene dejar de hacer tonterías y llenar tu vida de buenos actos que son los que te darán recompensa eterna.
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