Precisamente,
nuestros tropiezos y pecados vienen por lo poco humilde que somo y por nuestras
ambiciones y apetencias. Eso nos hace pensar que somos mejores, que tenemos
derechos a muchas cosas, que nos las merecemos. Sin embargo, todo es Gracia de
Dios.
Señor, me quedo
sin palabras ante esta oración. Tú sabes, mucho mejor que yo, lo que necesito.
Eso te pido, Señor, paz para no desesperar, no perderme en deseos de
vanaglorias ni en ilusiones mundanas. Simplemente, Señor, estar contigo y gozar
de tu presencia, amor y misericordia.
Nuestra mirada es casi siempre exterior. Vemos la mota en el ojo ajeno y la hacemos más grande de lo que realmente es. Sin embargo, no vemos la viga que se esconde tras los nuestros. Vemos pecados en los actos de los demás, pero, no en los nuestros, a los que miramos con ojos de misericordia. Pue bien, hacemos los mismo que aquel fariseo al despreciar al publicano.
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