No es cuestión de
poder, sino de servicio. No se es más grande por ser mayor o tener más poder,
sino se es grande en la medida que seas humilde y estés en disponibilidad de
servir. En otras palabras, eres más en la medida que decrezca y sirvas a los
demás.
Todo en mi vida
vuelve al mismo lugar. Mis éxitos no se mantienen firmes sino que se desvanecen
y pasan. Siempre vuelve el vacío, la angustia y el dolor. Sólo Tú, Señor, por y
con tu Misericordia Infinita, sostienes mi vida con esperanza y gozo.
Y todo empieza en
el momento que te reconozcas pecador, embriagado por tener poder y ser más que
el otro. Ansioso de ser servido y no servir. Incapaz de ser humilde y abrirte a
servir en lugar de que te sirvan. Ese es el camino, buscar la humildad y la
disponibilidad a servir. Buscar a abrirte a los demás sin pretender poseer el
derecho y la exclusividad de ser tú el camino, la verdad y, menos, la vida. Eso
sólo corresponde a nuestro Señor: verdadero Camino, Verdad y Vida.