¿Es eso, como
Bartimeo, lo que yo también busco? Y si no es eso, ¿qué es lo que realmente
busco? Esa es la pregunta que debo hacerme y discernir a fin de encontrar una
respuesta que aclare mi camino, mi espera y mi esperanza.
No olvides que
Jesús camina contigo, te acompaña y da el primer paso para que tú, en tu
búsqueda, lo encuentres y te abras a su Espíritu. Y ten en cuenta que todos tus
fracasos y pecados, el Señor, los conoces y te los perdona. Tú, trata de ser
fiel a su Palabra.
Porque, de
quedarme sentado y no gritar y estar atento al paso de Jesús, tal y como hizo
Bartimeo, mi vida puede quedar paralizada y estancada esperando sin realmente
esperar con esperanza - valga la redundancia -. Necesito gritar, buscar, pedir
e insistir al paso de Jesús por mi vida. Porque, una cosa es segura, Jesús está
pasando por mi vida y quizás yo no me doy cuenta.
Es posible que
nuestra experiencia nos está dictando que el mundo va camino de su propia
destrucción. Hay muchos factores en juego que nos indican esa apreciación. Sin
embargo, Jesús, nuestro Señor, está y camina con nosotros, y, por su Palabra,
sabemos que en Él estamos seguros y salvados. De su mano vamos hacia la Casa
del Padre. En Él confiamos
Nuestro mundo,
sumiso al pecado, va camino de su propia destrucción. Solo orientándolo hacia
el encuentro con el Señor, encontramos sentido y orientación a nuestra vida. Y
es ese nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida, caminar como pueblo -
Iglesia - al encuentro con Jesús, el Hijo de Dios Vivo, que nos lleva al encuentro
del Padre. Leamos y meditemos la audiencia del Papa Francisco.
La conciencia, a
pesar de estar contagiada por el pecado, siempre tiene la oportunidad de resarcirse
y de regresar al camino de la verdad. Y esa esperanza a través de la oración
nunca se pierde. Siempre está ahí, de modo, ¿por qué no producirse una
sorpresa?