Nuestra cultura suele
identificar el éxito con el logro, la ambición y el bienestar material,
mientras sospecha del sacrificio, la renuncia y la sencillez.
Es tiempo de pensar,
pero no para dejar de pensar pasado este tiempo, sino para crecer en oración,
generosidad y control de nuestras apetencias egoístas y cómodas que nos
arrastran a olvidarnos de Dios y de los demás.
Jesús nos introduce en otra lógica: la del amor que se entrega. Una paradoja luminosa: perder la vida para salvarla y renunciar para alcanzar lo verdaderamente valioso.
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