La vida nos depara
muchas cruces difíciles de abrazar: la elección de perdonar una ofensa, una
victoria no alcanzada, el cansancio del trabajo, la sinceridad que cuesta…
Señor, fortalece mi fe y
ayúdame a avanzar y a perseverar en tu seguimiento en el esfuerzo diario de
vivir en tu Voluntad.
Pero se ilumina con una luz nueva, la luz del Crucificado Resucitado, que sabe transformar cada caída en un paso adelante. Y de esa manera nuestro camino se llena de esperanza.
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