Solo hay un camino seguro: el Señor. Y el Espíritu Santo,
desde la hora de nuestro bautismo, camina con cada uno de nosotros para
guiarnos y no dejarnos perder.
Espíritu Santo,
Tú que me acompañas y estás dentro de mi corazón, apacígualo y límpialo de toda
inmundicia y malos pensamientos. Llénalo de ternura y amor misericordioso.
Amén.
Saber que el
Señor nos prepara una morada en la Casa de su Padre es un motivo de esperanza.
Vivamos atentos, con el corazón despierto, para no desviarnos del camino que
conduce a la Vida.
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