¿Nos damos cuenta de que también
nosotros estamos llamados a remar mar adentro? Cuando el cansancio, el desánimo
o los resultados que no esperamos nos invitan a abandonar, ¿somos capaces de
confiar en la palabra de Jesús y volver a echar las redes?
Señor, a pesar de mi apariencia, hay en mí muchas
debilidades que me inquietan y me seducen con la intención de separarme de Ti.
Cúrame, Señor, de mis iniquidades.
¿Estamos dispuestos a
sobreponernos al cansancio, al desánimo y a la frustración cuando nuestros
esfuerzos parecen no dar fruto? Ante las dificultades, ¿tienen más fuerza
nuestra fe y nuestra esperanza que el cansancio y la decepción?
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