¿Cómo acogemos la Palabra? ¿Qué clase de tierra somos?
¿Cómo la tratamos, cómo la cuidamos, cómo dejamos que arraigue y dé fruto en
nosotros?
Espíritu Santo, dirige mi vida. Líbrala de los malos
pensamientos y de las tentaciones de este mundo. Haz que mi corazón esté
abierto a tu acción y dame la sabiduría de poner mi vida en tus manos. Amén.
Que mi vida, Señor, proclame con fidelidad tu Palabra, y que todos los cristianos, desde nuestra pertenencia a la Iglesia, tengamos un corazón abierto a la Palabra de vida y salvación. Amén.
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