¿Y yo? ¿Me
planteo esta actitud en mi propia vida? ¿En qué medida mi camino de fe me está
ayudando a hacerme pequeño, sencillo y necesitado de los demás?
¿Cómo tratamos
en nuestra comunidad a los pequeños, a los que tienen menos fuerza, menos voz,
menos recursos o atraviesan dificultades?
Señor, sabes
que es lo que realmente quiero, pero también sabes que hago lo que no quiero,
y me siento mal e intranquilo. Dame, Señor, la paz y la humildad de aceptarme y
confiar en tu infinita Misericordia.
¿Estoy
dispuesto a revisar mi orgullo, mi soberbia y mi comodidad para acercarme
y cuidar de los pobres, los débiles y los excluidos?
Porque quizá ahí, precisamente ahí, donde el mundo ve debilidad, Jesús nos invita a descubrir la verdadera grandeza.
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