El Dios que
buscamos es quien sabe aunar misericordia y verdad. Y quizá este sea uno de los
grandes desafíos de nuestro seguimiento de Jesús: Aprender a vivir la verdad
sin perder la misericordia, y practicar la misericordia sin renunciar a la
verdad.
Las dudas me
asaltan y acompañan. Pero me basta tu presencia y tu infinita misericordia. En
ti confío, Padre Dios y en tu Hijo me sostengo.
A veces nos cuesta mirar la verdad de frente, porque
tememos reconocer nuestros errores o mostrar lo que realmente llevamos en el
corazón.
Sin embargo, solo desde la sinceridad podemos crecer y
vivir con autenticidad.
Jesús nos invita a abandonar la hipocresía y a
presentarnos ante Dios y ante los demás con un corazón transparente.
¿Estamos dispuestos a reconocer nuestra propia verdad?

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