Juzgar
a los demás nos lleva a la hipocresía, porque vemos con facilidad las faltas
ajenas mientras ignoramos las nuestras. ¿Quiénes
somos nosotros para juzgar?
Al despertarme cada día, tomo conciencia del milagro de la
vida y de tu infinito Amor Misericordioso, Señor. Gracias por descubrir tu
compañía y por estar a mi lado sosteniendo mi fe.
¿Nos hemos preguntado qué haríamos nosotros en el lugar de aquel a quien juzgamos? Posiblemente, si nos ponemos en su lugar, nos limitaríamos a dar nuestra opinión, pero nunca a juzgar.