Es evidente que todos buscamos la felicidad, pero la
realidad es otra. Encontramos muchas piedras en nuestro camino que nos impiden
avanzar. Necesitamos ayuda.
Señor, enséñame a descubrir mi identidad. Dime quién soy y
revélame mis defectos y lo que tengo que mejorar. Dame las fuerzas para
llevarlo a cabo.
Jesús cuenta con sus apóstoles, pero también con nosotros.
Sus palabras lo atestiguan: «La mies es abundante, pero los trabajadores son
pocos; rueguen, pues, al Señor de las mies que mande trabajadores a su mies».