La
única esperanza real es la que viene del amor. No la que se esconde en las
apariencias de diálogos egoístas apoyados en intereses y beneficios. Sino la
que nace del amor que nos cuida mutuamente.
Gracias, Señor, porque
tengo la oportunidad de dejarme salvar por tu infinito Amor Misericordioso.
Ellos son los que me fortalecen, me llenan de esperanza y me impulsan a ponerme
en tus manos y dejarme salvar.
Tratemos de meditar, al igual que María, todo lo que va sucediendo a lo largo del año, y conservarlo en nuestro corazón con el fin de irle dando respuesta según la Voluntad de Dios.