¿Dónde reconocemos nosotros, en
nuestra vida y en nuestros contextos, la manifestación y el poder del Espíritu?
Señor, sabes que quiero seguirte,
pero también sabes que lo hago a mi manera y lo adapto a mis comodidades, mis
apetencias y seguridades. Yo quiero seguir el que Tú me señalas, no el mío.
Ayúdame a conseguirlo, Señor.
¿Con qué lógica hacemos este
reconocimiento: con la lógica del mundo o con la que hoy nos señala Pablo, la
lógica del Evangelio?