Los mandamientos hay que
cumplirlos, pero solo tienen pleno sentido cuando nos ayudan a encontrarnos con
Jesucristo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.
Señor, me sorprende que
seas tan paciente y misericordioso con quien, como yo, no lo merece. Cuántos
desaires y fracasos te he dado, a pesar de tus llamadas y paciencia. Señor, arrepentido
de mis pecados, me pongo en tus manos.
Un cumplimiento, incluso perfecto, vivido por nuestra cuenta y alejado del Señor, termina perdiendo su verdadero valor. Jesús ha venido precisamente para eso: para dar plenitud a la Ley y dar verdadero sentido a nuestra vida.