El camino cuaresmal no
es tortura ni tristeza, sino de solidaridad y compromiso con quien sufre. Ese
es el ayuno, la oración y la limosna que Dios desea.
Cada mañana, una nueva
batalla que espero no afrontar solo. Sé, Señor, que Tú vas conmigo y con tu
Espíritu me asistes y aconsejas para que no haga lo que me apetece, sino tu
Voluntad.
No se trata de
complicarse, sino de orar y permanecer atentos, con la ayuda del Espíritu
Santo, para hacernos sensibles al dolor y a la necesidad de los hermanos. Así
oramos, ayunamos y damos limosna.