Nuestro camino debe estar sembrado
de paciencia, esperanza y plenitud. Tropezaremos con mucha cizaña que tratará
de ahogar nuestra buena semilla, pero injertados en Cristo, venceremos.
Señor, concédeme un corazón
paciente, apto para escuchar con atención y con el alma para siempre situarme
en el contexto de quien habla.
Mientras caminamos por este mundo,
creceremos junto a la cizaña. Sin embargo, vivimos sostenidos por la esperanza,
porque llegará el día en que el Señor separará el mal del bien y recogerá la
buena semilla en el granero de su Reino eterno.