Con el paso del tiempo nos damos cuenta
de que, en muchos momentos de nuestra vida, el dolor nos enseña a sostenernos
firmes y a fortalecer nuestras esperanzas.
Señor, dame la
fortaleza y la sabiduría para entender el sufrimiento y el dolor, y, sobre
todo, darles sentido entregándotelos y uniéndolos a tu Pasión.
Cuando nos encontramos a mitad de
nuestro camino, descubrimos que el dolor ha sido el que nos ha hecho madurar en
nuestros criterios y crecer en firmeza.
La cruz, vivida desde la fe, puede
convertirse en camino de fortaleza y esperanza.