En el reino de Dios, la verdadera grandeza no se mide
por los puestos que ocupamos, sino por nuestra capacidad de servir y amar. ¿Son
también estos los primeros valores en nuestra vida.
Ven, Espíritu
Santo, y aviva mi corazón con tu amor. Lléname del fuego de tu amor y haz que
todo los actos de mi vida estén impregnados de ese amor que viene de Ti. Amén.
El servicio y el amor no buscan ocupar los primeros
puestos ni recibir aplausos. Prefieren el último lugar, el de quien se entrega
sin esperar nada a cambio. Y, sin embargo, ¿qué hay más grande en la vida de
Dios y de los seres humanos que amar y servir?






