Muchos viven como si
todo terminara aquí, poniendo su esperanza solo en lo pasajero. Sin embargo, el
corazón humano está hecho para más.
Gracias, Dios, por estar
en mi vida. Entiendo que sin ella, mi existencia se ve sometida a mis fallos y
al demonio. Contigo, Señor, sé que voy seguro, a pesar de las adversidades que
se manifiestan en mi existencia.
La Pascua nos invita a levantar la mirada: lo que es perecedero no puede darnos vida plena. Solo en Dios, fuente de vida eterna, encuentra el hombre su verdadera esperanza y su plenitud.