Como Zacarías e Isabel, ¿estamos
nosotros abiertos a dar a conocer al Señor de nuestra vida con nuestras obras y
palabras?
Solo
Tú, mi Señor, das sentido a mi vida y la llenas de esperanza. Solo Tú, mi
Señor, amaneces todos los días a mi lado y caminas conmigo.
Señor, haz que yo también sea capaz de pensar que, como Juan,
también Tú me has puesto mi nombre. Porque yo, Señor, estoy en tu pensamiento.
¿Y, a pesar de nuestras cruces, que
muchas veces no comprendemos, somos fieles a su palabra y a su Voluntad? ¿Lo
perciben quienes conviven con nosotros?