El camino del cristiano es aprender a amar como Cristo nos
ama. Y eso sin Él nos resulta imposible.
Pon, Señor, tu Luz en mi camino para que siempre tome la buena
dirección que orienta hacia Ti y vive en tu Verdad. Tú, mi Señor, eres mi
Camino, mi Verdad y mi Vida.
Por eso, el amor no se queda en palabras: se traduce en obras. El gesto de Jesús, al lavar los pies a sus discípulos, nos revela hasta dónde llega el verdadero amor.