¿Nos damos
cuenta de que nuestras fuerzas para obrar bien nacen de la escucha y de la
contemplación con el Señor?
Señor, enséñame
a pedir lo que realmente necesito para ser feliz a tu lado. Porque, Señor, solo
a tu lado podemos ser felices.
¿Hemos descubierto que necesitamos abrir nuestro corazón al Señor para que, escuchando atentamente su Palabra, encontremos en Él la fuerza necesaria para vivirla y servir a los demás?
