domingo, 16 de agosto de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Es nuestra fe capaz de resistir una respuesta como la que le dio Jesús a la mujer cananea y seguir insistiendo y creyendo en su amor misericordioso?

Madre, tú que estás en los cielos, ruega por nosotros para que, fijándonos en ti, seamos capaces de cargar con nuestra cruz y seguir a tu Hijo, nuestro Señor.

Ante un silencio que espera nuestra reacción, como la dada a esa mujer, ¿seguimos insistiendo y fiel a su Palabra?

sábado, 15 de agosto de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Cómo te imaginas el encuentro de María con su prima Isabel? ¿Cómo te explicas que Isabel supiese el estado maternal de María?

Señor, me conoces y sabes de mis fallos, errores y debilidades. Ayúdame a mantenerme siempre fiel a pesar de mis pecados y a perseverar en ser fiel a tu Palabra.

«¿Qué vio Isabel en María para reconocer en ella algo que humanamente no podía saber?». ¿Y nosotros, somos capaces de verlo?

viernes, 14 de agosto de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

El convivir siempre presenta problemas. La tarea del hombre y la mujer, unidos en matrimonio, consiste precisamente en eso: casar todas sus diferencias aceptándolas.

Hay momentos en que tienes la sensación de que todo se viene abajo. Es cuando, Espíritu Santo, te necesito para que me llenes de luz y de verdadero amor para superar todas esas pruebas.

Cuando aparecen las diferencias, es el momento de casarlas con paciencia, comprensión, humildad, aceptándolas con caridad. Ese es el verdadero significado del matrimonio: permanecer unidos cuidando y guardando el debido respeto y libertad a pesar de nuestras diferencias. 

jueves, 13 de agosto de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

No depende solo de nosotros. Para que se produzca una verdadera reconciliación, hacen falta dos actitudes: por una parte, saber ofrecer misericordia y perdón; por otra, saber acogerlos con humildad y con deseo sincero de cambiar.

Dame, Señor, la humildad, fortaleza y sabiduría para perdonar como Tú me perdonas, para acoger humildemente tu perdón y aceptar el causado por mis pecados.  

Cada vez que rezamos el Padrenuestro, pedimos al Padre que perdone nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. Jesús nos recuerda así que quien ha experimentado la misericordia de Dios está llamado también a ser misericordioso con los demás. 

Perdonar no siempre es fácil, pero es el camino que nos libera del resentimiento y nos ayuda a vivir en la paz.

miércoles, 12 de agosto de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

La buena actitud en la corrección debe ir siempre encaminada a sacar al otro del error. Siempre cuidando la intimidad y discreción.

Señor, sabes que yo quiero morir a mis egoísmos, pero también conoces  mis debilidades y que no puedo, que necesito la fuerza de tu Espíritu y que, sin Ti, mi Señor, no moriré.

No se trata de convencer ni de ganar. Se trata de encontrar la verdad y el bien común en nuestra manera de ayudarnos en nuestras relaciones de cada día.

martes, 11 de agosto de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿No es el niño el centro de la familia? En su pequeñez y dependencia recibe todo el amor y la atención de sus padres.

Sé, Señor, que ese es el camino, la cruz. Porque solo a través de cargar con ella resucitaremos. Pero también sé que no puedo cargarla solo. Necesito tu compañía y tu Gracia, Señor.

También para Dios son especialmente importantes los pequeños, los humildes y los vulnerables. Por eso, si queremos ser verdaderamente grandes ante nuestro Padre Dios, aprendamos a hacernos pequeños: a confiar en Él, a reconocer nuestra necesidad y a abrir humildemente el corazón para recibir su amor.

lunes, 10 de agosto de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Somos capaces de amar hasta el extremo, hasta darnos plenamente por aquellas personas que amamos?

Señor, quiero permanecer a tu lado, pero sé que tendré muchas tentaciones y momentos que me harán dudar. Hazme humilde, fuerte y sabio para estar siempre a tu lado.

¿Reconocemos que nuestro amor todavía no alcanza esa medida de entrega? Y, aun así, ¿nos ponemos en manos del Señor para que Él nos ayude a intentarlo?