Sé, Señor, que
ese es el camino, la cruz. Porque solo a través de cargar con ella
resucitaremos. Pero también sé que no puedo cargarla solo. Necesito tu compañía
y tu Gracia, Señor.
También para
Dios son especialmente importantes los pequeños, los humildes y los
vulnerables. Por eso, si queremos ser verdaderamente grandes ante nuestro Padre
Dios, aprendamos a hacernos pequeños: a confiar en Él, a reconocer nuestra
necesidad y a abrir humildemente el corazón para recibir su amor.