No cabe duda de que nos cuesta dar y
darnos, pero tampoco cabe duda de que ese es el camino. Y también la necesidad
de la acción del Espíritu Santo.
Señor, tu presencia me sostiene y
me anima a seguir adelante. Gracias a tu presencia encuentro sentido y
fortaleza para mantenerme firme y seguir avanzando a pesar de los contratiempos
que la vida me presenta.
Quizá nuestro error sea intentar conseguirlo solo con nuestras propias fuerzas, olvidando que nuestra naturaleza está marcada por el egoísmo y la avaricia.