La justicia señala el límite de lo
permitido; la misericordia contempla las circunstancias que llevaron a la
persona a cruzarlo.
Protégenos, Madre del Carmen, de todos los peligros y
tormentas que nos acechan en nuestro navegar por este mundo y, de tu mano, llévanos
al encuentro con tu Hijo, nuestro Salvador y Redentor.
No basta con aplicar la ley para hacer
justicia. También hemos de contemplarla con ojos misericordiosos, capaces de
corregir su rigor cuando sea necesario y de acoger con alegría el
arrepentimiento sincero.