Muchas veces no
sabemos pedir, porque miramos solo nuestras necesidades inmediatas. Nuestra
meta es la salvación y cuando pedimos, lo hacemos pensando en este mundo,
cuando estamos llamados al otro.
Toma mi vida,
Señor, y haz de ella tu Voluntad, porque eso es lo que yo más deseo, ya que mis
miserias y pecados me someten y me lo impiden. Toma mi todo, Señor, y haz que
se cumplan tus pensamientos.
Debemos pedir
todo lo que suponga una mejora para cumplir con nuestra misión, que es amar, en
el camino de nuestra vida. Y todo lo que sea para bien y esté fuera de nuestras
posibilidades.