Tal vez esta sea una
noche para ponernos en camino, para movernos desde nuestra ilusión y nuestra
esperanza en busca de ese regalo que todos —incluso sin tenerlo muy presente—
deseamos y buscamos sin cesar.
En tus manos, Espíritu
Santo, pongo mi vida y mi esperanza. Tu presencia, con la que cuento todos los
días y en todos los instantes, me conforta, me fortalece y dirige. Al menos eso
es lo que yo quiero e intento. Toma mi vida y transfórmala.