Jesús no se queda indiferente ante
nuestra fragilidad. Ruega al Padre por nosotros. Intercede por quienes le
fueron confiados y nos sostiene con su oración.
Señor, dame
todas las fuerzas para afrontar cada una de las pruebas que la vida me pone en
mi camino y no dejes que mi debilidad desfallezca y me aparte de Ti.
Ahora nos toca vivir aquello que hemos recibido, abrazando el regalo de la fe y comunicando cada día esa palabra que se nos ha entregado.