El encuentro con Jesús nos desborda y nos lanza a proclamar
que la felicidad que buscamos está en mantener nuestra amistad con Él.
Has venido a mí, Espíritu Santo, en el instante de mi
bautismo y, desde ese momento, me auxilias. Dame la fortaleza y sabiduría para
sostenerme fiel al Señor y vivir en su Voluntad. Contigo estoy a salvo de todo
peligro.
No podemos permanecer callados cuando nuestro ser se inunda
de gozo y felicidad. Y esa alegría nos impulsa a transmitirlo a los demás.