¿Y nosotros? ¿Qué
excusas ponemos para no escuchar, acompañar o ayudar a quienes nos necesitan?
¿Estamos dispuestos a compartir nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestra
vida con quienes suelen quedar al margen?
Señor, vivimos
en la esperanza de encontrarnos contigo tras nuestra muerte. Danos la sabiduría
de saber vivir para morir abrazado a la cruz, signo de salvación, donde Tú has
entregado tu vida para salvar la nuestra.
¿Quiénes son hoy las personas que dejamos fuera de nuestras mesas, comunidades y espacios de decisión? ¿Qué podemos hacer para que cada persona se sienta acogida, valorada y parte de la comunidad?






