Se hace necesario
guardarnos de esos razonamientos que nos invitan a mirar al otro lado, como
ocurrió en la parábola (Lc 10, 25-37) del buen samaritano. Señor, enséñanos a
mirarte donde más cuesta.
Podemos lograr los objetivos que estimemos más significativos; podemos
procurar la felicidad, pero al final únicamente me quedará el vacío y
continuarán los desvelos hasta que todo se derrumbe. Entonces despertaré y
comprenderé que sin Ti, Dios mío, la vida es pérdida.
Nunca olvidemos que esa felicidad que buscamos no está en nuestra indiferencia a los problemas de los demás, sino en acercarnos a ellos y mirarlos de frente, con un corazón compasivo y misericordioso.