Señor, sácianos con tu presencia y
danos el alimento diario de tu Espíritu, para que podamos repartir, como Tú, el
pan de tu Amor Misericordioso.
También
nosotros navegamos en la barca de nuestra vida y necesitamos escuchar al Señor
que nos dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».
Celebremos
esta Eucaristía pidiéndole una fe firme para confiar en Él en medio de
cualquier tempestad.