Muchas
veces deseo que mi oración sea un momento de verdadero gozo. Sin embargo, no
siempre lo consigo. Hay días en que la oración nace del entusiasmo y otros en
que solo nace de la fe.
En Ti, mi Señor, pongo toda mi confianza. Me rindo a tu
infinito Amor Misericordioso y solo en Ti, mi Señor, encuentro fortaleza y
esperanza para vivir.
Aun así, no debo desanimarme. El gozo de estar con el Señor
no es una conquista personal, sino un regalo que Él concede a quien persevera
en su búsqueda.
Por eso sigo llamando a su puerta, confiando en que un día
mi corazón aprenderá a disfrutar plenamente de su presencia.