La vida es hermosa cuando vivimos con
la certeza de que la muerte no tiene la última palabra. Incluso en medio del
dolor, caminamos hacia la alegría y la plenitud que Cristo Resucitado nos
promete.
Señor, esperanzado en tu amor
misericordioso, me pongo en tus manos y a Ti confío mi vida en la certeza de
que tu cuidado nunca falla.
El fundamento de nuestra fe es la
Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. No es solo una verdad que conocemos,
sino una experiencia que nace de fiarnos de su Palabra, perseverar en la
oración y dejarnos encontrar por Él.