¿Qué lugar ocupan nuestras riquezas en
la vida? ¿Son el centro de nuestra existencia o las consideramos medios que
podemos poner al servicio de los demás?
Señor, sé que
nada me pertenece ni nada merezco a pesar de mis buenas obras. Todo es Gracia y
Misericordia tuya, Dios y Padre mío. Hoy, humildemente pongo toda mi vida y la
de mi familia en tus manos.
¿Buscamos enriquecernos con el amor y
la misericordia para ser ricos ante Dios, en vez de aferrarnos a las riquezas
que nos ofrece este mundo?






