Todos necesitamos convertirnos. La misericordia de
Dios nos concede tiempo y nuevas oportunidades, como la higuera de la parábola,
para dar frutos de amor y de bien. ¿Qué necesitamos cambiar en nuestra vida
para que esos frutos sean una realidad?
Señor, enséñame
el camino de tu amor misericordioso para que, en todo momento, pueda yo
aplicarlo a mi vida fortalecido en Ti y por tu Gracia.
¿Confiamos en la paciencia de nuestro Padre Dios, que
no nos abandona, sino que sigue cuidando de nosotros, removiendo nuestra tierra
y abonándola para que nuestra vida pueda dar fruto?






