Hoy puede estar ocurriéndonos lo mismo. También
nosotros podemos resistirnos a la llamada de Dios por miedo, comodidad, orgullo
o apego a las cosas del mundo. Sin embargo, Cristo no deja de llamarnos ni de
ofrecernos su amor.
Señor, no
permitas que el agua de mi bautismo se estanque y no se renueve. Haz que sea
una corriente de agua limpia y renovada para que tu Palabra fertilice y dé
frutos.
La Iglesia está
llamada a anunciar el Evangelio con valentía y fidelidad, sin ceder ante las
presiones del poder, pero también con humildad, caridad y espíritu de
conversión.
Dejémonos
reunir por Cristo bajo sus alas y no cerremos el corazón a quien desea
protegernos y salvarnos.






