Jesús, el Señor, se nos muestra
condescendiente y nos advierte de que muchas cosas le quedan por decirnos, pero
no podemos cargar con ellas por ahora.
Señor, transforma mi corazón en un
corazón humilde, misericordioso y disponible a darse en bien de los demás,
sobre todo de los más necesitados.
Será misión del Espíritu Santo, que no solo nos protegerá y auxiliará, sino que nos irá revelando todo lo necesario para llegar al encuentro con el Señor.