La experiencia nos
revela que necesitamos perdonar para encontrar la paz. Fuera del perdón no hay
esperanza y la vida se llena de rencor y de odio. Y nos es necesario para
desactivar la ira y el deseo de venganza.
Espíritu Santo, enséñame
a discernir y a ver todo lo bueno que hay en mí y también a desechar todo lo
malo y lo que me aleja de Ti. Enséñame a mirarme como me miras Tú, y a
perdonarme los pecados cometidos confiado en tu infinita Misericordia.
Y la única manera de ser
perdonados es reconocer nuestra culpa y arrepentirnos de haberlos cometido. Lo
demás nos viene dado por la misericordia de Dios. Sin arrepentimiento, cierras
la puerta de tu alma y tú mismo impides ser perdonado.