¿Dejamos que el
fuego del amor de Jesús encienda nuestro corazón y nos impulse a comprometernos
cada día en la construcción de un mundo más justo y fraterno?
Señor, lo que nunca entenderé es
que a pesar de mis desplantes, mi soberbia y mi indiferencia, Tú sigues ahí
esperando que te abra mi corazón. Por eso, Señor, aunque no lo demuestre, yo
quiero estar contigo y serte fiel.
Avivemos cada
día nuestro compromiso con la defensa de los derechos humanos y la justicia,
dejándonos guiar por la acción del Espíritu de la Verdad.






