¿Dónde está puesta nuestra mirada? ¿En la riqueza que
nos encierra en nosotros mismos, que nos lleva a gestionar, cuidar, acumular y
multiplicar un tesoro equivocado, mientras nuestro corazón se va empobreciendo
y se aleja de Dios?
Señor, sé lo
difícil que es hacer tu Voluntad. Mi naturaleza me somete y me lo impide. Sin
embargo, si Tú estás conmigo y ocupas el centro de mi vida, todo será distinto.
Eso te pido y en Ti confío.
¿O tenemos la mirada abierta al Dios del amor, que nos invita continuamente a vivir desde la confianza, la entrega, la generosidad y la fraternidad?






