Es verdad que la fe nos sobrepasa. Es un don de Dios, no fruto del
esfuerzo humano. Pero, como seres libres, podemos optar por acogerla y fiarnos
de su Palabra.
Tu búsqueda, Señor, y que todos mis actos sean impulsados por tu Amor y
Misericordia es lo que ocupa el centro de mi vida. Dame, Señor, la sabiduría,
paz y fortaleza de vivirlo y perseverar.
Así como confiamos en la
palabra de quienes nos aman, también podemos confiar en la Palabra de Dios: una
Palabra que nos habla de amor, de justicia y de paz.