No depende solo de nosotros. Para que se produzca una
verdadera reconciliación, hacen falta dos actitudes: por una parte, saber
ofrecer misericordia y perdón; por otra, saber acogerlos con humildad y con
deseo sincero de cambiar.
Dame, Señor, la humildad, fortaleza
y sabiduría para perdonar como Tú me perdonas, para acoger humildemente tu
perdón y aceptar el causado por mis pecados.
Cada vez
que rezamos el Padrenuestro, pedimos al Padre que perdone nuestras ofensas, como
también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. Jesús nos recuerda
así que quien ha experimentado la misericordia de Dios está llamado también a
ser misericordioso con los demás.
Perdonar no
siempre es fácil, pero es el camino que nos libera del resentimiento y nos
ayuda a vivir en la paz.