miércoles, 11 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Los mandamientos hay que cumplirlos, pero solo tienen pleno sentido cuando nos ayudan a encontrarnos con Jesucristo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida.

Señor, me sorprende que seas tan paciente y misericordioso con quien, como yo, no lo merece. Cuántos desaires y fracasos te he dado, a pesar de tus llamadas y paciencia. Señor, arrepentido de mis pecados, me pongo en tus manos.

Un cumplimiento, incluso perfecto, vivido por nuestra cuenta y alejado del Señor, termina perdiendo su verdadero valor. Jesús ha venido precisamente para eso: para dar plenitud a la Ley y dar verdadero sentido a nuestra vida.

martes, 10 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Vivir en permanente conflicto nos quita la paz. Sin perdón no hay esperanza ni sosiego. La vida se desorienta y pierde su sentido, y el corazón no descansa hasta aprender a ser misericordioso.

Hay muchos momentos en que me desvío o, al menos, dudo, y no sé si estoy actuando como Tú quieres o como yo quiero. Dame, Señor, la serenidad, la firmeza y confianza de dejarme sanar por tu Amor misericordioso y seguir tus pasos.

De la misma manera que pedimos perdón, también nosotros debemos perdonar. ¿Cómo pedir perdón a Dios si nosotros no perdonamos a los que nos ofenden?
¿No lo decimos cada día en el Padrenuestro?

lunes, 9 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Nuestra soberbia se manifiesta cuando pensamos que, por nuestros méritos, merecemos el perdón y la gloria, e incluso la libertad de elegir solo aquello que coincida con nuestros intereses.

Señor, ese es mi objetivo prioritario: “Hacer tu Voluntad". Y, para eso, me pongo en tus manos porque solo Tú puedes perfeccionar mi vida y limpiarla de pecados.

Aparentamos ser humildes, pero escondidos en la ira que se rebela en cuanto lo que oímos no coincide con lo que queremos. Aceptamos al profeta solo cuando lo que dice coincide con lo que nosotros pensamos.

domingo, 8 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Cuando el Espíritu establece su morada en el hombre, este no puede dejar de orar, porque el Espíritu no deja de orar en él: duerma o vele.

Padre, siempre he querido llamarte Padre. Porque un padre siempre perdona y está al lado de su hijo. Por eso, Padre mío, en tus manos pongo mi vida y a Ti me confío. Tu Amor y Misericordia son infinitos.

La oración no cesa en él; como o beba, descanse o trabaje, el perfume de la oración exhala espontáneamente de su corazón. (Isaac de Nínive).

sábado, 7 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Dios nos espera. Otea el horizonte. Desea acogernos y celebrar el regreso del hijo con abrazos, banquete y palabras llenas de ternura.
Ahí está nuestra esperanza: la salvación.

Señor, me pongo en tus manos para que mi vida, bendecida por Ti, sea una bendición para todos los que me rodean. Amén.

La alegría del Padre Dios es la del amor. Nos ama.  Incluso si decimos: «Pero yo soy un pecador, hice esto, esto y esto…». Dios nos responde: «Yo te amo igualmente y voy a buscarte y te llevo a casa». (Papa Francisco 27-11-2013).

viernes, 6 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

¿Somos conscientes de que hemos recibido una herencia de la que debemos responder con nuestros frutos? 
Y, si lo somos, ¿nos tomamos en serio esa responsabilidad?

Señor, dame una mirada de eternidad, porque lo bueno solo tiene valor cuando es eterno. De nada me vale una felicidad de instantes si no es eterna. Y eso busco, Señor, en Ti, porque solo Tú eres eterno.

¿Conocemos las cualidades que se nos han confiado —como en régimen de alquiler— para ponerlas a producir y ofrecer los mejores frutos? 

jueves, 5 de marzo de 2026

PENSAMIENTOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE

Quizás vivimos despreocupados del sufrimiento de los demás. No basta con compadecernos, sino también mantener siempre atentos los oídos al grito de dolor de los demás, sobre todo de los más cercanos.

Mi vida, Señor, no está a la altura que a mí me gustaría. Soy un pecador y mis faltas y errores se hacen presentes cada día. Pero también sé, Señor, que si quiero cambiar, solo contigo puedo hacerlo. Y eso te pido ahora, Señor, ayúdame a cambiar mi vida.

La solidaridad consiste en mantener la mirada atenta como quien escruta el mar en busca de un naufragio. Sentir como algo propio el sufrimiento del hermano de aquí y el de allá porque ninguno nos es ajeno.