Nuestra felicidad está
en la Galilea de nuestro tiempo: una Galilea que se desarrolla en nuestra vida
de cada día, en los círculos más íntimos donde caminamos junto al Señor.
María, junto a ti y como
tú, quiero permanecer a la espera de la resurrección del Señor. Seguro y
confiado en su Palabra, mi corazón se alegra y regocija expectante a la
Resurrección del Señor.