La identidad de
Jesús está profundamente unida al Padre, hasta el punto de que en Él se nos
revela su presencia y su acción. También nosotros estamos llamados a participar
de esa comunión.
Toca mi vida,
Espíritu Santo, y disponla a servir con misericordia y amor, porque solo
contigo podré encontrar esa felicidad que busco y que se esconde detrás del
amor misericordioso.
Necesitamos una
referencia firme a la que vincular nuestra vida: un Camino, una Verdad y una
Vida que dé sentido a nuestro caminar.