A muchos nos han educado para intentar hacer las cosas bien. Y, casi sin darnos cuenta, podemos pasar de querer hacerlas bien a querer hacerlas perfectas, cayendo en el perfeccionismo y en el rigor del deber. ¿Somos conscientes de ello?
Señor, hazme un
odre nuevo capaz de recibir tu Palabra y vivir en tu infinita Misericordia.
Señor, enséñanos a vivir desde el amor. Y, si hace falta, que sepamos ser más laxos… por amor. Que aprendamos a descansar en Ti, a disfrutar de la vida y a vivir el sábado como un regalo: Un día de vacaciones con Dios.