Necesitamos discernir. En un mundo lleno de voces y
mensajes, solo la voz del Buen Pastor nos conduce a pastos de verdad y vida
abundante.
Gracias, Señor, por llamarme hijo, y por demostrarme lo
mucho que me quieres al perdonar todos mis pecados. Eres mi Padre bueno y
misericordioso.
Y en esa línea, preguntémonos con sinceridad: ¿estamos abiertos a vivir nuestra misión, comenzando por nuestra propia familia?