Cuando la insistencia te
viene de lo alto, lo inteligente es abrirte a ese déjalo y hazlo. La
experiencia de lo que realizas por obediencia te llena de gozo y te
confirma que esa llamada viene de Dios.
Tú, mi Señor, eres mi
fortaleza y mi amparo donde descansan todos mis miedos y encuentran descanso
mis debilidades y angustias. Tú, mi Señor, eres mi esperanza y mi consuelo,
donde apoyo todos mis anhelos y deseos.
El conflicto se
establece en la lucha interior entre aferrarme a mis convicciones, seguridades,
certezas, prejuicios y opiniones o abrirme a la acción del Espíritu.
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