Llevemos siempre con
nosotros la Palabra de Dios. Hagámosle espacio. Leamos algún versículo del
Evangelio tratando de iluminar las situaciones que se nos presentan cada día.
Señor, dame la capacidad
y sabiduría de desprenderme de la rutina, de las comodidades y egoísmos para,
siendo libre, ir a tu encuentro, ponerme en tus manos y adorarte eternamente.
Dejemos que la Palabra
nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca, que ilumina nuestra
oscuridad y que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida.
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