Quien dice la verdad
experimenta miedo, pues se siente amenazado por los que viven en la mentira.
Nuestras vidas reflejan esa realidad; la verdad molesta y complica la vida de
aquel que la defiende.
Señor, te necesito para,
asistido en y por tu Espíritu, reconocer mis pecados y, por tu Gracia, ordenar
mi vida según tu Voluntad.
Sin embargo, a pesar del
peligro de sostenerse en la verdad, son muchos los que se han mantenido en
ella, llegando al extremo de dar sus vidas por defenderla. Pero solo Uno la dio
en la cruz por amor, ganándola para todos.
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