Nos cuesta mantenernos
en equilibrio entre dos tensiones: el cuidado propio y el cuidado ajeno. Con
facilidad nos vamos a los extremos, ya sea exhaustos por atender siempre las
necesidades de los demás, o fingiendo que esas necesidades no tienen nada que
ver con nosotros.
Hay momentos en que mi
vida se tambalea, y es en esos momentos difíciles de mi vida cuando tu
presencia, Señor, me levanta, me conforta y me impulsa a seguir adelante.
Gracias, Dios mío, por estar siempre a mi lado.
A veces tratamos de
escaquearnos y de escurrir el bulto, porque también nosotros necesitamos ir «a
solas a un lugar desierto a descansar un poco».
Lo que con frecuencia olvidamos es que nunca estamos solos: Dios está siempre a nuestro lado, y el descanso en Él no nos aparta de la vida, sino que nos devuelve a ella con un corazón renovado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.