Detrás de
nuestros interrogantes se esconden muchas respuestas. Si no nos atrevemos a
plantearlas, difícilmente descubriremos lo que habita en nuestro interior… y la
presencia del Señor.
Me atrevo a
caminar y al compromiso de vivir en tu Palabra, Señor, porque sé que me
acompañará tu Espíritu. Porque sé que en los momentos en que mi debilidad se
hace presente, Tú me sostienes, me levantas y me pones de nuevo en camino.
Podríamos
preguntarnos: ¿de qué hablamos? ¿Qué inquietudes nos habitan? Y, desde ahí,
iniciar un diálogo sincero con Aquel que puede responder a nuestro
corazón.
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