No basta
con ser buena persona, sino que necesitamos entregar todos aquellos dones que
nos han sido dados gratuitamente para ponerlos en servicio de los más
necesitados.
Señor,
enséñame a ser un instrumento de tu amor para que todo lo recibido
gratuitamente lo ponga, por amor misericordioso, al servicio de los más
necesitados.
Solos no podremos contra el mundo, pero con la asistencia y el auxilio del Espíritu Santo podremos superar nuestros errores y responder a la llamada de Dios.
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