Desde el instante de nuestro bautismo,
el Espíritu Santo nos acompaña y nos auxilia. En Él encontraremos la fortaleza
para dar testimonio de nuestra fe.
Señor, enséñame a proclamar el
evangelio con mi vida y a descubrir el sentido misionero de mi existencia. Y
mostrar a todos los que me rodean que Tú eres lo único y verdadero importante
en nuestra vida.
En Él seremos movidos y asistidos para perseverar en la Palabra, la oración y la Eucaristía, manteniendo una estrecha e íntima relación con el Señor.
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