El sello que hace verdadera nuestra
palabra es lo que manifestamos con nuestra vida. Si esta no va en sintonía con
lo que predicamos, nuestras palabras difícilmente llegarán al corazón de
quienes las escuchan.
Señor, gracias por tu confianza y
por, a pesar de mis miserias, elegirme para proclamar tu venida y presencia
entre nosotros. En tus manos me pongo.
No se trata de decir muchas cosas, sino
de vivir aquello que decimos. Cuando las palabras y las obras caminan juntas,
nace la credibilidad y el mensaje encuentra su camino hasta el corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu pensamiento es una búsqueda más, y puede ayudarnos a encontrarnos y a encontrar nuestro verdadero camino.