¿Estamos nosotros en esa red en el grupo de los
indiferentes o de los que no quieren saber nada? ¿O, por el contrario, nos
asemejamos al padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo
antiguo?
Señor, dame una fe como la de aquellas hermanas, Marta
y María, de la casa de Betania donde te encontrabas a gusto. También yo quiero
acogerte y que conmigo te encuentres a gusto.
¿Somos conscientes de nuestro destino, o vivimos
dejándonos llevar por el viento de este mundo, como veletas que giran al compás
de lo que otros deciden?
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