No hace falta tener mucho; basta con
compartir desde lo poco que somos y tenemos. No cuentan tanto las cantidades ni
las cualidades como la generosidad del corazón.
Todas mis esperanzas están
puestas, Señor, en tus manos. En Ti confío y a Ti entrego mi vida. Ven, Señor,
y haz que siempre esté pendiente de amar a los demás como Tú me amas.
Basta
con ofrecer lo que podamos. En las manos de Jesús, lo pequeño se convierte en
suficiente y hasta en abundante. Solo hace falta confiar. Él lo bendice y lo
multiplica.
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