Todos, a lo largo de nuestra vida,
experimentamos dudas, dificultades y momentos de desánimo. Como los apóstoles,
también nosotros necesitamos subir al Tabor para renovar la esperanza y
descubrir que el Señor camina siempre a nuestro lado, especialmente cuando la
cruz se hace más pesada.
Madre Santísima, bajo la advocación de
la Virgen de las Nieves, protégeme de las tentaciones lujuriosas y guárdame de
caer en ellas. Acompáñame en el camino junto a tu hijo.
El testimonio de los apóstoles en el monte Tabor fortalece nuestra fe y nos confirma la divinidad de Jesús antes de su Pasión y Muerte. Escuchemos este Evangelio con el corazón abierto, para descubrir que la cruz nunca tiene la última palabra: el destino del discípulo es la gloria de la Resurrección.
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