¿Pensamos que corregir al que se
equivoca puede ser también una forma de cuidarlo? ¿Somos capaces de hacerlo no
desde una cima moral, sino desde el deseo sincero de su bien y de su salvación,
sintiéndonos también nosotros responsables?
Ven Espíritu Santo y dirige mi
vida. Gracias por todo lo que me rodea, por las personas que me quieren y a las
que mis humildes palabras les llegan. En ti, Espíritu de Amor, pongo todas mis
esperanzas.
¿Estamos de acuerdo en que construir el
Reino supone comprometernos con el otro, incluso cuando yerra? ¿Somos capaces
de acompañar, corregir y perdonar desde el amor? En definitiva, ¿nos sentimos
llamados a ser verdaderamente centinelas del bienestar de los nuestros?
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