La vida no nos
la jugamos en las cosas extraordinarias, sino en los pequeños gestos de cada
día, en la manera de mirar, escuchar y tratar a quienes tenemos cerca.
Señor, sabes que mi gran deseo es
hacer tu Voluntad. Pero también sabes que quizás lo intente hacer a mi manera y
según mis valores. Perdona, Señor mi osadía y dirige mi vida según tus deseos,
que serán lo mejor para mí.
No es lo más importante triunfar, sino cómo vivimos y
cómo tratamos a los demás mientras caminamos. Porque, al final, no solo se
recuerda lo que conseguimos, sino también el bien que hicimos y la huella que
dejamos en los demás.

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